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Autoridad, Poder, Influencia,
Involucramiento, Compromiso: Su relación con el Desarrollo
Organizacional
Abstract de Taller
a cargo de Eric Gaynor Butterfield: “Autoridad, Poder
y Cumplimiento en las Organizaciones”. Realizado por
The Organization Development Institute International, Latinamerica
– Junio 2004 – www.theodinstitute.org
Estas cinco palabras están íntimamente ligadas
con el desarrollo organizacional. Posiblemente se encuentren
entre las palabras más citadas por los distintos autores
y expertos en comportamiento y desarrollo organizacional,
y además han estado sujetas a estudios por muchos notables
investigadores. También los directivos, ejecutivos,
gerentes y profesionales y como el resto de participantes
organizacionales tienen estas 5 palabras muchas veces en sus
labios durante – e incluso después – de
sus jornadas de trabajo. Y no quedan fuera los consultores
y asesores de empresas que deben implementar cambios en las
organizaciones y empresas; para ellos, estas cinco palabras,
como se usan y sus efectos e implicancias en la práctica,
tendrán mucho que ver con cuánto se ha de mejorar
las organizaciones-Clientes y también ha de influir
en los honorarios que han de recibir por la prestación
de sus servicios profesionales.
La autoridad ha sido materia de estudio y de interés
de personas que incluso su esfera de acción ha rebasado
y estado fuera de la organización. Es decir, que no
solamente aquellas personas vinculadas a la organización
y la empresa (micro-economía) la han considerado como
una variable relevante sino también muchos de los estudiosos
a nivel macro como es el caso de filósofos, sociólogos,
economistas, antropólogos, entre otros.
El filósofo francés Jean Jacques Rousseau (“A
discourse on political economy” – 1755) señala
“que si es bueno lidiar con personas como ellos realmente
son, es mucho mejor aún hacerlos en relación
a lo que se necesita que ellos sean. La autoridad más
absoluta es aquella que penetra en lo más profundo
del ser, y no tiene tanto que ver con sus deseos sino más
bien con sus acciones”. El sociólogo de USA Robert
A. Nisbet (“The social philosophers” - 1973) contrasta
su visión del poder en relación al de Jean Jacques
Rousseau al afirmar que este ha sido el primero en justificar
el poder absoluto en nombre de la virtud, igualdad, y la libertad.
Para Nisbet “el poder es más que el poder mismo;
es más bien el refugio de las desigualdades e incertidumbres
de toda sociedad”.
El experto en ciencias políticas de Estados Unidos
de Norteamérica Charles E. Merriam (“Political
Power” – 1934) destaca que el poder no yace necesariamente
en las armas, ni en los buques, ni en las paredes hechas de
piedra, o las líneas fortificadas construidas con acero
por más importante que estas sean. Los impulsos están
vinculados con lo que podemos llamar un “patrón
de impulsos” donde es posible que los soldados desobedezcan
las órdenes de los oficiales y puedan incluso dispararles;
donde las armas pueden ser usadas en contra del gobierno,
y donde los ciudadanos pueden llegar a desobedecer la ley
hasta llevarlo al punto de ser una virtud, y alerta que bajo
esta situación “la autoridad es impotente y puede
conducir al desastre”.
Y Charles Merriam nos hace ver la complejidad que existe
en el camino hacia conseguir cumplimiento de otros dentro
de los límites de la autoridad y, con suma fineza,
destaca las posibles consecuencias negativas incluso “bajo
cumplimiento” (“Systematic politics” –
1945). “La “desobediencia civil no tiene solamente
que ver con lo público sino también con lo privado
ua que se pueden observar distintos métodos de neutralizar
a la autoridad tanto dentro de la familia, como en la escuela,
en la iglesia y en las empresas. Los chicos desde muy temprana
edad nos dan muestras ingeniosas respecto de cómo tratan
de evadir la disciplina de sus padres, e incluso los esclavos
desarrollan formas de protestar, como también lo hacen
los prisioneros al realizar una huelga, y el personal encuentra
siempre nuevas formas de desafiar y obstruir las políticas
y prácticas vinculadas con la autoridad. Más
aún; a veces no es ni siquiera necesario llegar a desobedecer;
simplemente ejecutando una orden o instrucción recibida
de manera incorrecta puede resultar ser un modelo exitoso
de protesta”.
Otro notable estudioso de ciencias políticas, el italiano
Robert Michels que naciera en Alemania y se hiciera famoso
por la “ley de hierro de la oligarquía en las
organizaciones” señala que la autoridad puede
tener un origen tanto personal como institucional pero de
todas maneras es creada y sostenida por la opinión
de otros (pública), la cual a su vez está condicionada
a sentimientos, afectos, reverencia e incluso fatalismo. Y
agrega que aunque la autoridad descanse incluso en la sola
coerción física de todas maneras es aceptada
por los que son “mandados”, aunque este mando
sea debido al hecho de que se lo tema por la fuerza que puede
ejercer.
El experto británico en ciencias políticas
Harold Laski destaca que la autoridad en los gobiernos / estados
está fuertemente relacionado con el poder económico
y es a través de él que las instrucciones son
obedecidas (“The problem of administrative areas”
– 1918).
También es importante tener en cuenta las palabras
de francés Georges Sorel (“The ethics of socialism”
– 1899) quien nos hace ver que la “autoridad no
permanece vacante por mucho tiempo”; enseguida ha de
ser ocupada por otro, y esto que es absolutamente válido
para la sociedad en su conjunto también lo es para
las organizaciones. Las personas cuando se convierten en participantes
organizacionales van a tener cierto grado de autoridad sobre
otros desde el mismo momento en que ocupan una posición
y además han de ser sujetos a la autoridad “de
otros”. Los espacios que corresponden a las posiciones
organizacionales no se mantienen vacantes.
El notable sociólogo y economista alemán Max
Weber nacido en 1864 y fallecido en 1920 quien acuñó
y desarrollo el término de liderazgo carismático
en las organizaciones (“Economy and society” –
1922) señala respecto del líder que si “la
existencia de pruebas de éxito desaparecen por un buen
tiempo, si su Dios lo ha abandonado y ha perdido sus poderes
mágicos y heroicos y por sobre todo ello si es que
su liderazgo deja de beneficiar a sus seguidores, es muy probable
que su propio liderazgo carismático ha de desparecer.
“Este es el real y genuino significado del divino derecho
que tienen los reyes”.
Max Weber destaca los límites del liderazgo carismático
a que tan propensos estamos todos dentro de las culturas latinoamericanas.
Para Weber la autoridad carismática en su forma más
pura no tiene nada que ver con las estructuras rutinarias
del día a día. Sugiere que el liderazgo carismático
tiene mas que ver con la etapa de nacimiento y es en esencia
naturalmente “naciente”. Es por ello que no puede
sostenerse en el tiempo: “It cannot remain stable, but
becomes Esther traditionalized or rationalized, or a combination
of both” (“Economy and society” –
1922).
Pasemos ahora a aprender algo respecto del concepto de “Poder”.
El sociólogo alemán Ralph Dahrendorf hace referencia
al debate que se desarrolla en relación a los conceptos
de “hegemonía” frente al “poder”
y señala que a los efectos de su interés la
vieja distinción que se realizaba entre un “contrato
de asociación” y un “contrato de dominación”
sólo tendría alguna utilidad de tipo analítica.
Para Dahrendorf en la práctica resulta muy difícil
pensar respecto de la existencia de una asociación
humana donde no exista un elemento de dominación: “Where
there is society there is power” (“The modern
social conflict” – 1988).
El filósofo británico Thomas Hobbes nacido
en 1588 y fallecido en 1679 aclara que existe una importante
inclinación general de la raza humana hacia la perpetuación
sin descanso respecto del deseo de que el poder lleve al poder
“que termina únicamente con la muerte”
(“Leviathan” – 1651). Hobbes asegura que
“el poder de las personas se orienta a obtener algún
bien en el futuro y puede ser tanto “de origen”
o “instrumental”. La simple reputación
en cuanto al poder es simplemente “el poder”.
Muchas personas están familiarizadas con la historia
del escorpión que le pide a la rana que le permita
subirse a ella para cruzar con ella un pequeño riacho,
donde la rana inicialmente la dice que eso le sería
fatal para ella. Pero el escorpión le convence que
eso le sería fatal para él con lo cual finalmente
la rana acepta trasladar sobre su lomo al escorpión.
Este, en la mitad del trayecto, la inyecta a la rana y esta
le dice: “Pero por que lo haces: no ves que nos vamos
a morir los dos”, a lo cual el escorpión le dice:
“No importa; lo he hecho porque ese acto está
dentro de mi propia naturaleza”. El filósofo
y economista inglés John Stuart Mill nacido en 1806
y fallecido en 1873 nos advierte que el poder político
ha de ser abusado con el propósito de satisfacer los
intereses particulares del tenedor del poder. “Esto
no ha de suceder en todos los casos, pero de todas maneras
sí podemos hablar de que existe una natural tendencia
a que ello ocurra” (“Considerations on representative
government” - 1861.
El filósofo francés Michel Foucault nacido
en 1926 y fallecido en 1984 destaca las implicancias prácticas
y concretas que tiene el poder. Para Foucault (“The
subject and power” – 1982) el poder está
fuertemente enraizado en los conexiones sociales; no es algo
que se reconstituye “por encima” de la sociedad
como una estructura suplementaria … “una sociedad
sin relaciones de poder es una mera abstracción”.
A veces existe una tendencia a señalar “a que
se debe que aquellos tienen poder cometen el abuso de ostentar
y exhibirlo”, tanto respecto del comportamiento exhibido
por gobernantes como por líderes empresariales, sindicales
y organizacionales. En este sentido es bueno acudir a un trabajo
de Thorstein Veblen - economista y sociólogo de los
Estados Unidos de Norteamérica – quien destaca
que para conseguir y retener la estima de las personas no
es suficiente el hecho de poseer riqueza o poder. “La
riqueza y el poder deben de ser puestos en evidencia, puesto
que la estima es otorgada solamente en base a la evidencia
(“The theory of leisure class” – 1899).
De modo que la percepción de importantes oficinas para
los niveles más altos y el ofrecimiento de beneficios
ligados al “lujo” para la dirección de
las organizaciones, a pesar de ser “verbalizados”
por los subordinados como “gastos en exceso” de
todas maneras se imprimen en ellos la marca de una relación
distintiva donde no existe duda alguna respecto de quien ostenta
el poder.
Elizabeth Janeway en su doble carácter de novelista
y de “crítica social” comparte algunas
palabras que no deben ser ignoradas por aquellos interesados
en el comportamiento organizacional – su efectividad
y eficiencia – y también el desarrollo organizacional
al destacar que el poder es usualmente definido como una cualidad
y atributo que es poseído solamente por aquellos que
son poderosos cuando en realidad la comprensión del
poder hace necesario que se incluya considerar la situación
de aquellos que son débiles, quienes representan a
“segundos miembros del poder” dentro del cual
existe y además se modifica la sociedad (“Powers
of the weak” – 1980). La incorporación
de las mujeres en los ámbitos organizacionales llegan
a incluir hoy en día a casi el 50 % de mujeres. Las
mujeres representan al grupo más débil en cuanto
a su tamaño y a su antigüedad. Su incorporación
dentro de los ámbitos organizacionales ha producido
cambios profundos en la funcionalidad de las organizaciones.
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional”,
Argentina – 1997) sostiene que el desarrollo organizacional
requiere de atributos puntuales que prevalecen dentro del
universo cognitivo de la mujer (por encima de la del hombre)
al encontrarse dentro de ellas una metodología particular
y un tipo de pensamiento distintivo respecto de la de los
hombres, que favorece en mayor medida la creatividad e innovación
dentro del mundo empresarial y organizacional.
Las dos facetas – del superior y del subordinado –
en relación con el poder deben ser tenidas en cuenta
tal cual lo hace saber el economista de USA Frank Knight quien
hace destacar la relación circular que se da entre
el autoritarismo “recibido” en edades tempranas
y que, aunque criticado en esos momentos, más adelante
es incluso adoptado por el incumbente en sus acciones respecto
de otros. . Knight destaca que “el poder corrompe y
que el poder absoluto corrompe totalmente”. Pero además
debe tenerse en cuenta que tanto una actitud de búsqueda
de poder como una predisposición hacia el servilismo,
deben ser ambas condenadas por igual (“Intelligence
and democratic action” – 1960).
El filósofo John Locke deja bien en claro que una
de las preguntas que a través de todos los tiempos
ha preocupado a la especie humana no ha estado relacionada
con “si es que debiera existir Poder en el mundo”
sino más bien con Quién debería tenerlo
(”Two treatises of government” – 1690).
Nadie duda respecto de la importancia del conocimiento y
la información y como estas influyen sobre lo que sucede
dentro de las organizaciones, lo que también es cierto
más allá de la esfera empresarial como lo destacara
el estadista y filósofo Francis Bacon (“De haeresibus”
– 1597): “el conocimiento es poder”. Y el
sociólogo de USA Bernard Barber agrega que el conocimiento
es poder que permite tanto hacer el bien como hacer el mal
“pero de todas maneras no podemos desligarnos del poder”
(“Science and the social order” – 1952).
Muchas personas visualizan a las organizaciones como una
“conversación o diálogo” como es
el caso de aquellos que pertenecen a la escuela de “coaching
ontológico”. El poder se vincula con ir más
allá del contrato psicológico que mantienen
los participantes organizacionales con sus superiores; lo
que pertenece al contrato psicológico entre ellos entra
dentro del rango de “autoridad”. Algunos autores
llaman a lo que sucede fuera del contrato psicológico
y que se vincula con el poder, bajo el nombre de “políticas
organizacionales” (J. Pfeffer: “Power in organizations”;
Pitman Publishing – 1981). A lo que deberíamos
agregar que el lenguaje de la política es el lenguaje
del poder (Harold Lasswell: “The language of power”
– 1949).
En los Estados Unidos de Norteamérica se ha adoptado
una “best practice” que ha sido conocida como
empowerment que se ha basado principalmente en superar los
problemas de la organización jerárquica piramidal.
Cuando los shareholders y stakeholders junto con los directivos
se dieron cuenta que lo que realmente les interesaba eran
los resultados en términos concretos y financieros
independientemente de la posición que ocupaban, estuvieron
dispuestos a dar vuelta la pirámide, con lo cual los
de abajo estaban posicionados en la cúspide (Michel
Foucault destaca que el poder “proviene de abajo”:
“The history of sexuality” – 1976). Y Arthur
L. Stinchcombe - sociólogo de USA – nos destaca
que “el poder es legítimo en la medida que, en
virtud de las doctrinas y las normas por el cual el mismo
está justificado, quien posee el poder puede llegar
a acudir hacia otros centros de poder en calidad de reservas
cuando le sean necesarias, de modo que su propio poder es
más efectivo”. Es decir, el poder de una persona
se vale además del poder de otros.
Thomas Hobbes (1651 – ya citado) nos destaca la importancia
de cómo se distribuye o centraliza el poder al señalar
que es necesario que las personas vivan bajo un “poder
común” mientras que James Madison – estadista
y filósofo de USA – destaca que la acumulación
de todos los poderes en las mismas manos (el legislativo,
judicial y ejecutivo) independientemente de que así
fuera en una sola, en unas pocas o en varias manos, o que
tuviera un carácter hereditario, auto-designado o a
través de elecciones, puede definirse como una tiranía
(“Federalist Nª 47 – 1788). Quizás
los límites de los abusos de poder puedan darse bajo
la concepción de James Steuart Denham que en su calidad
de experto en economía política sostiene que
el poder “arbitrario” jamás puede llegar
a ser delegado; ya que puede tornarse tanto en contra del
monarca como del súbdito (“An inquiry into the
principles of Political Economy” – 1767).
Ahora hemos de penetrar más profundamente dentro del
mundo del comportamiento, cambio y desarrollo organizacional.
Ayer hemos hecho una extensiva revisión de los más
notables exponentes en materia de teorías organizacionales
y allí hemos visto que la organización lineal
presenta una forma de tipo piramidal donde la supervisión
(que es lineal) se basa en la unidad de mando, típica
de la autoridad lineal. Este esquema se contradice con las
ideas de la administración científica de Frederick
Taylor (“Scientific Management”; Harper &
Row – 1947) contrariamente a lo que muchas personas
creen. El esquema de Taylor incluye además de la autoridad
de línea la supervisión funcional que es criticado
por muchos de los autores que le siguieron, como es el caso
de Henry Fayol. Fayol (“General and Industrial management”;
Pitman – 1949) critica la autoridad funcional basado
en que se contradice con el principio de unidad de mando.
Bajo el tipo de organización lineal (y piramidal)
los órganos de línea se dedican exclusivamente
a sus actividades previamente determinadas y estipuladas mientras
que existen otros órganos encargados de la prestación
de servicios especializados los que son denominados órganos
de staff que proveen consejos, sugerencias, mejoras, y recomendaciones
respecto de cómo mejorar los procesos; estas funciones
de staff no tienen autoridad de línea y se asemejan
a los departamentos de “organización y métodos”
o de “métodos y procedimientos” que existen
dentro de las grandes organizaciones. Como éstos órganos
de staff no tienen autoridad de línea no pueden imponer
sus ideas a los órganos de línea. Estos órganos
staff no tienen autoridad de línea ni poseen autoridad
de mando.
Y aquí es donde me quiero detener aunque sea solamente
unos minutos pues tenemos evidencia que muestra que muchos
Profesionales graduados e incluso muchos altos directivos
y gerentes, no tiene bien en claro muchas veces la concepción
altamente innovadora de Frederick Taylor cuyas concepciones
a veces son tratadas en forma peyorativa y muchas veces fuera
de contexto.
Solamente el extraordinario talento de Taylor – especialmente
si tomamos en cuenta la época – ha sido capaz
de adelantarse a la concepción organizacional del notable
sociólogo alemán Max Weber, al destacar la importancia
que tiene el expertise dentro de las organizaciones. Y para
ello Taylor creó dos distintos canales. Es decir, Taylor
previó la “autoridad basada en el conocimiento”
e implementó mecanismos de “knowledge management”
cuando aún no se mencionaban estas dos palabras!
Para aquellos familiarizados con la organización matricial
y sus aplicaciones que se comenzaron a implementar en mayor
escala en la década de los 70 y recién durante
la última década dentro de las distintas culturas
latinoamericanas, han de notar que en cierta medida Frederick
Taylor ha tenido la calidad de precursor respecto de ésta
práctica. La organización matricial se orienta
a integrar la autoridad de mando o de línea (basada
en los silos organizacionales) con la autoridad de “procesos”
lo que es muy semejante a la autoridad de línea de
las unidades ligadas a la acción de Frederick Taylor
con la autoridad del conocimiento respecto de “como
mejorar los procesos”.
Y ni que hablar del extraordinario trabajo de Taylor en cuanto
a relacionar fuertemente – como nadie jamás ha
podido llegar a igualarlo hasta el día de hoy –
las recompensas con los comportamientos de los distintos participantes
organizacionales.
Las organizaciones formales se caracterizan por el hecho
de que es la jerarquía la que distribuye la autoridad
y también la responsabilidad entre los distintos niveles
de la pirámide organizacional, donde la hipótesis
básica consiste en que aquellos que están situados
“más arriba” son los que tienen mayor autoridad.
Los autores clásicos tenían bien en claro que
la autoridad es lo que permite asignar responsabilidad, y
que a través de una jerarquía de autoridad algunas
personas pueden mandar a otros que tomen una acción,
o dejen de tomar una acción, en la búsqueda
de los objetivos de la empresa. Para Henry Fayol (1949 –
ya citado) la autoridad consiste en la potestad y el derecho
de dar órdenes y el poder de exigir obediencia o cumplimiento”.
Hasta ese entonces aquellos interesados en organizaciones
eficientes y en desarrollo organizacional podían elegir
entre dos opciones básicas, que se convirtió
en una tercera posibilidad con el notable trabajo del sociólogo
alemán Max Weber (“The theory of social and economic
organization”; Free Press – 1947). En el período
intermedio entre los clásicos y Max Weber nos encontramos
con las contribuciones de los que pertenecen al movimiento
de las relaciones humanas quienes basados en algunos aspectos
ingenuos respecto de una única orientación del
hombre que era hacia lo positivo y siempre con una voluntad
de servicio y hacia el cumplimiento, fueron duramente criticados.
Hacía falta agregarle “racionalidad” a
“un río que se había salido de cauce”;
los clásicos enfatizaban la disciplina y el movimiento
de relaciones humanas sugerían otras opciones organizacionales
más flexibles basados en la buena predisposición
de las personas.
El modelo de Max Weber encajaba perfectamente ya que impone
el desarrollo de una organización de tipo racional
donde existe una cadena entre medio y fines, y que además
era aplicable no solamente a las empresas industriales sino
también a cualquier otro tipo de industria o sector.
Hasta el sector comercial y el de servicios tenía a
partir de ahora una solución en sus manos a través
de la implementación de una burocracia.
Aquí también cabe hacer una segunda aclaración
en relación a lo que usualmente se manifiesta dentro
de los claustros de enseñanza (lo que muchas veces
tienen los alumnos y los profesores universitarios) y en las
empresas (lo que es el parecer de directivos, ejecutivos y
gerentes). La burocracia para Max Weber es el arreglo organizacional
más eficiente donde se combinan dos dimensiones principales:
1. Lo formal;
2. lo racional.
Esto hace posible que existan cuatro opciones o arreglos
posibles. Una de ellas es aquella donde tenemos racionalidad
pero no contamos con la jerarquía lo que podría
estar representado por aquellos que tienen el saber y el conocimiento
dentro de la organización pero no tienen la autoridad
para imponer sus decisiones. Es decir, se trata de personas
que tienen voz pero no tienen voto.
Por otro lado tenemos aquellos que tienen la jerarquía
pero no tienen la racionalidad necesaria y podríamos
decir que son aquellos que tienen voto para decidir independiente
de qué sentido tiene lo que ellos deciden. Por supuesto
en toda organización pueden darse posiciones, roles
y personas donde no existe ni racionalidad ni jerarquía
de importancia; en este caso la eficiencia organizacional
está duramente atacada.
Para Max Weber la eficiencia organizacional – a la
que le ha dado el nombre de burocracia – es aquella
donde se combina eficazmente la jerarquía con la racionalidad.
Detalles de estas distintas opciones y sus consecuencias a
nivel organizacional las podemos encontrar en el libro de
Eric Gaynor Butterfield: “Desarrollo Ejecutivo y Desarrollo
Organizacional”; publicado por The Organization Development
Institute International, Latinamerica – 2005).
Bajo la concepción de la burocracia la autoridad está
claramente delimitada y las distintas personas ocupan roles
donde se predetermina exactamente lo que se espera de ellos
en sus actividades y tareas diarias. Se les da instrucciones
de manera exacta, detallada y minuciosa respecto de lo que
se espera en cuanto al comportamiento de las personas lo que
recibe el nombre de “roles” y estos roles le dan
un carácter impersonal – paradójicamente
– a las propias personas. De aquí en más
las organizaciones eficientes basadas en la racionalidad que
adoptan el nombre y la forma de organización burocrática
no ha de dejar lugar alguno para la existencia de las emociones,
los afectos y los sentimientos. Bajo distintas formas muchos
otros notables estudiosos de las organizaciones formaron parte
del movimiento burocrático, algunos más convencidos
y otros menos haciendo saber sus críticas: Reinhardt
Bendix (“Max Weber: An intelectual portrait”;
Doubleday - 1962); Robert K. Merton (“Social theory
and social structure”; Glencoe - 1957); Peter Blau (“Social
Exchange” - 1968); Philip Selznick (“TVA and the
grass roots”; 1949); Alvin Gouldner (“Patterns
in industrial bureaucracy”; Routledge & Kegan -
1955); Robert Michels (“Political parties”; -
Dover - 1959).
Una interesante distinción del trabajo de Max Weber
tiene que ver con los distintos tipos de autoridad a que hace
referencia, quien señala que a cada tipo de sociedad
en particular le cabe un tipo primario de autoridad, la que
es definida como “la probabilidad de que una orden específica
sea obedecida” (Idalberto Chiavenato: “Introducción
a la teoría general de la administración”;
McGraw – Hill ; 1995).
Max Weber realiza una distinción entre el poder y
la autoridad ya que el poder para Weber es la probabilidad
de imponer las órdenes a través de la voluntad
incluso bajo cualquier tipo de dificultad o resistencia e
independientemente del grado de fundamento que tuviera esa
probabilidad. De esta manera el poder es definido como la
posibilidad de obtener cumplimiento de parte de otros dando
dirección a sus conductas a través de imposiciones
que incluso pudieran llegar a ser arbitrarias.
La autoridad está relacionada con el concepto de legitimidad
lo que hace que lo requerido sea aceptado por el otro y de
esta manera podemos decir que existe un particular tipo de
relación entre el poder y la autoridad. La autoridad
implica tener poder; pero no siempre el poder puede llegar
a significar que se tiene autoridad. La autoridad al ser legítima
implica la capacidad de ejercer y además justificar
su ejercicio; y al ser aceptado ese poder hablamos de que
es legítimo.
Para el ejercicio del poder las creencias que están
en las mentes del superior como del subordinado son importantes.
Max Weber no desarrolla una tipología del “poder”
sino una tipología de autoridad – recordemos
que la autoridad es la probabilidad de que una orden puntual
sea obedecida y cumplida – que se basa en las distintas
fuentes y tipos de legitimidad existentes y puestos en práctica
por el líder. Weber destaca la existencia de tres tipos
principales de autoridad legítima:
1. autoridad tradicional;
2. autoridad carismática;
3. autoridad racional, legal o burocrática.
El tipo de autoridad tradicional tiene las características
que prevalecen en las sociedades tradicionales; son conservadoras,
patriarcales y con un importante peso en lo patrimonial. Weber
da como ejemplos de este tipo de autoridad a los clanes, las
tribus, la familia, y la sociedad medieval. La autoridad tradicional
no tiene base racional y está basado en el poder que
se hereda o que ha sido delegado. El “señor”
es una buena imagen de este tipo de poder que encuentra su
legitimación a través de hábitos, tradiciones,
los usos y las costumbres. El aparato administrativo que se
adopta para este tipo de autoridad tradicional está
basado en una forma patrimonial / feudal.
El tipo de autoridad carismático tiene características
de tipo “personalista”, una fuerte connotación
mística y de tipo arbitraria. Ejemplos de este tipo
de poder lo encontramos – según Max Weber –
en los grupos revolucionarios, los países que están
en una fase revolucionaria y los partidos políticos.
La autoridad está basada en el carisma y no responde
ni a lo racional, ni es heredada, y tampoco es delegable.
Se legitima a través de las características
personales del líder en relación con el heroísmo,
la magia, y el poder mental. La puesta en marcha del aparato
administrativo muestra características de índole
inconstante e inestable. Las personas pertenecientes a la
organización son seleccionadas en base a su lealtad
y teniendo en cuenta su devoción al líder; no
se tienen en cuenta las condiciones y calificaciones técnicas
del candidato.
D. Nadler y M. Tushman (“Beyond thye charismatic leader:
leadership and organizational change”; California management
review – 1990) destaca que existen tres etapas a través
de las cuales se movilizan los líderes carismáticos
y que tienen que ver con los procesos de:
a. visualización, que está vinculado con articular
una visión, estableciendo objetivos realmente elevados,
y modelando comportamientos consistentes;
b. energizando, que incluye el hecho de demostrar un tipo
de excitación y activación de tipo personal,
manifestando confianza a título personal, y buscando,
encontrando y haciendo uso del éxito;
c. posibilitando, lo que es conseguido a través de
la provisión de apoyo a título personal, actuando,
generando y consiguiendo empatía, y manifestando confianza
en las personas.
Gregory Moorhead & Ricky Griffin (“Organizational
Behavior: Managing people and organizations”; Houghton
Mifflin Co – 1995) incluyen una lista de líderes
carismáticos: Ronald Reagan , Martin Luther King, Franklin
Delano Roosevelt, Mary Kay Ash, Lee Iacocca, y también
a John De Lorean y Adolf Hitler.
El tipo de autoridad burocrática se basa en dos dimensiones
principales: lo legal (formal) y lo racional. Bajo este tipo
de autoridad se asume una racionalidad entre los medios y
los objetivos y Max Weber considera que los estados modernos,
las fuerzas armadas y las grandes corporaciones operan bajo
esta propouesta. Se caracteriza por el hecho de que las posiciones
de los participantes organizacionales se basan en la “meritocracia”.
La ley es lo que “hace justicia” y la legitimación
es puesta en marcha como resultado de que se promulgan y reglamentan
normas legales previamente definidas para todos los incumbentes.
El aparato administrativo que sostiene a este tipo de autoridad
recibe el nombre de Burocracia.
La autoridad burocrática ha sido sujeta a muchas críticas
por parte de muchos autores. James March y Herbert Simon en
su monumental trabajo titulado “Organizations”
(Wiley & Sons – 1958) señalan que Max Weber
percibe a la burocracia como un mecanismo de tipo adaptativo
que permite hacer uso de habilidades especializadas, y que
“no está sumamente atento respecto del carácter
mismo del organismo humano”. Algunos de sus críticos
no niegan la proposición general de que la burocracia
es la forma mas eficiente de organización pero dedican
esfuerzos a mostrar algunas de las importantes consecuencias
disfuncionales del tipo de organización burocrática.
Robert Merton (“Bureaucratic structure and personality”;
Social Forces - 1940) hace mención a las consecuencias
disfuncionales que se relacionan con el aprendizaje donde
los distintos participantes organizacionales tienen a aplicar
respuestas únicas a distintas situaciones.
A su vez Philip Selznick (“TVA and the grass roots”;
Berkeley - 1949) en lugar de poner énfasis en la importancia
de las normas y reglas como uno forma de obtener el control
apropiado, pone foco en la delegación de autoridad
y, al igual que Merton, Selznick muestra como una técnica
de control (vinculada con la delegación), puede acarrear
una serie de consecuencias negativas.
Alvin Gouldner (“Patterns of Industrial Bureaucracy”;
Routledge & Kegan - 1955) presenta un modelo más
simplificado que el que adoptaron Selznick y Merton. Al igual
que Merton y Selznick, Gouldner muestra como la orientación
a aumentar el control para mantener el equilibrio de un sistema
dentro de la organización puede romper el equilibrio
de la organización en su conjunto, con su subsiguiente
retorno negativo sobre el propio sub-sistema original.
Es de hacer notar que entre los clásicos (Taylor y
Farol por ejemplo) y Max Weber se encuentra la notable contribución
del Presidente de la empresa de acero número 1 en el
mundo quien vuelca sus ideas y experiencias en su obra titulada
“The functions of the executive” (Chester Barnard;
Harvard University Press – 1938). Y quienes mejor que
James March y Herbert Simon para construir sobre los cimientos
de las concepciones de Chester Barnard que algunos conceptualizan
como una teoría del equilibrio organizacional que tiene
una fuerte influencia cognitiva.
La organización bajo esta concepción es una
complicada red de interacciones entre personas, personas y
grupos, personas dentro de los grupos, grupos con otros grupos,
y éstos con la organización en su conjunto donde
cada una de éstas posibles combinaciones ha de tener
en cuenta dos aspectos principales:
1. los incentivos (inducements) que representan lo que la
organización le da a los participantes organizacionales
que pueden estar representados por jornales, salarios, bonus,
aguinaldos, premios especiales, elogios, palmadas, capacitación,
coaching, reconocimiento, posibilidades de promoción,
entre otros. El lector avezado debe tener en cuenta que Barnard
– y sus seguidores March & Simon – hacen referencia
a incentivos o alicientes que pueden ser recompensas de tipo
“duras y concretas” o blandas.
2. las contribuciones que realizarían los miembros
organizacionales que tienen que ver con la productividad,
el esfuerzo, el desempeño, la concurrencia, la puntualidad,
la lealtad, la confidencialidad y discrecionalidad, entre
otros.
Los incentivos tienen distintas utilidades para los distintos
miembros organizacionales y tiene que ver con las distintas
necesidades personales de cada uno de ellos mientras que las
contribuciones guardan relación con las energías
que dedica el participante organizacional para que se alcancen
los objetivos organizacionales.
Lo sutil de Chester Barnard y también de March &
Simon ha confundido a muchos expertos quienes inicialmente
“ubicaban” a Chester Barnard dentro del movimiento
conocido bajo el nombre de relaciones humanas cuando en realidad
la perspectiva de Barnard era lo suficientemente concreta
– y no manifiesta – como para que las contribuciones
fueran medibles mas bien en términos de valor real
a comparación de los incentivos que podían ser
duros y también blandos.
Barnard se apartó completamente de la teoría
clásica y demostró como la autoridad tradicional
muchas veces puede no resultar efectiva, y que las órdenes
pueden ser desobedecidas, como pueden ser obedecidas cuando
están equivocadas y las consecuencias de estas distintas
posibilidades. De allí que Barnard sostiene que la
autoridad descansa en la aceptación (o no) del consentimiento
y aprobación de los subordinados. Para Barnard no existe
en realidad el concepto de legitimación de autoridad
sino que es algo muy sencillo: las personas subordinadas simplemente
eligen entre distintas alternativas respecto de obedecer o
no obedecer.
En base a ello Chester Barnard muestra que el proceso de
aceptación de una orden y la ejecución de su
cumplimiento no es naturalmente la regla sino que mas bien
puede tratarse de una excepción puesto que se deben
dar varias condiciones, en este caso, cuatro. Existen para
Barnard cuatro condiciones que se deben dar simultáneamente
para que los subordinados acepten una orden y cumplan con
ella; son:
1. cuando el subordinado puede entender o comprender la orden;
2. cuando no la juzga incompatible con la organización;
3. cuando no la juzga incompatible con sus objetivos personales;
4. cuando es mental y físicamente capaz de cumplirla.
De allí que Chester Barnard, con su genio y su enorme
experiencia práctica, concluya en que la autoridad
no depende básicamente del superior, sino que tiene
que ver con la decisión que ha de adoptar el subordinado
de aceptarla o rechazarla.
Mucho se ha trabajado sobre Liderazgo con el interés
de conseguir cumplimiento de parte de los subordinados, y
debemos reconocer que una de las piezas fundamentales a tener
en cuenta se relaciona con los procesos de “influencia”.
Uno de los principales trabajos que tiene todo líder
es el de aumentar su grado de influencia respecto de sus subordinados:
Eric Gaynor Butterfield: “Taller de Liderazgo para una
empresa Petrolera líder en el mundo” –
mes de Julio de 2005). Podemos desdecir que independientemente
de las características, comportamientos y atributos
que pueda tener un líder lo que finalmente interesa
es que la influencia realmente esté presente, y dentro
de esta línea podemos concluir que un líder
es aquél que está en condiciones de influir
–en la dirección apropiada – respecto de
las actitudes, creencias y comportamientos de los subordinados
(R. W. Allen & Lyman W. Porter: “Organizational
Influence Process”; Scott, Foresman – 1983). Por
otro lado G. Yukl & J. Tracey (“Consequences of
influence tactics used with subordinates, peers, and the boss”;
Journal of applied psychology – 1992) nos muestran que
el proceso de influencia puede ser llevado a cabo tanto para
conseguir beneficios como para eventualmente llegar a consecuencias
negativas.
La influencia existe cuando dos personas interactúan
entre ellas y ambas dependen una de la otra, es decir las
acciones de A influyen sobre B y asimismo las acciones de
B influyen sobre A.
La dependencia que se da entre dos personas puede llegar
a tener distintas bases motivacionales. Amitai Etzioni (“Modern
organizations”; Prentice-Hall – 1964) desarrolló
un trabajo muy interesante donde muestra que las personas
pueden llegar a cumplir basado en distintos tipos de poder,
de involucramiento / compromiso y de control. Y estos distintos
tipos de poder, compromiso y control deben diferenciarse según
el tipo de organización de que se trate. Las organizaciones
eficientes son aquellas donde existe congruencia entre el
tipo de organización y el tipo de control, compromiso
y forma de obtener cumplimiento.
Por ejemplo cuando una persona quiere ingresar a una organización
de tipo político o sindical lo que prevalece para su
apreciación y evaluación tiene que ver con sus
valores. Por lo general el ingreso de las personas lleva mucho
tiempo hasta que finalmente es aceptada a diferencia de otras
organizaciones como las coactivas donde las personas ingresan
casi de inmediato, incluso cuando no desean hacerlo como es
el caso de las cárceles y los campos de concentración.
El cumplimiento en este tipo de organización política
y sindical tiene que ver con aspectos que Amitai Etzioni denomina
como “normativos” o principios y el tipo de control
que se ha de ejercer sobre sus miembros se vincula con los
valores normativos. El compromiso a su vez es de tipo moral.
Según Amitai Etzioni si este tipo de organización
política o sindical ejerciera el control a través
de la coerción o por medios económicos la eficiencia
organizacional se vería reducida.
Por otro lado las organizaciones donde las personas ingresan
sin evaluación y lo hacen de inmediato como es el caso
de las cárceles y campos de concentración el
tipo de control que se ejerce sobre el miembro organizacional
está basado en la fuerza y en la coerción y
a través de dicha coerción es que se obtiene
cumplimiento. Por supuesto aquí el participante organizacional
no ha de mostrar un grado de compromiso “moral”
como se describe más arriba sino que más bien
su compromiso e involucramiento es de tipo “alienante”.
La eficiencia organizacional en este tipo de instituciones
es alcanzada – según Amitai Etzioni – solamente
y cuando se ejerce un tipo de control basado en la fuerza.
Existe también un tercer tipo de organizaciones según
Etzioni que el denomina utilitaristas dentro de las cuales
se ubicarían todas las empresas privadas que tienen
fines de lucro. La eficiencia organizacional en este tipo
de organización privada o empresa como usualmente es
denominada,, es obtenida a través de incentivos de
tipo económico hacia los miembros organizacionales
con lo cual se consigue un tipo de involucramiento y compromiso
que es denominado “calculador”. Ejercer presión
y coacción sobre los participantes organizacionales
o sino prestar atención a los valores, no ha de ser
suficiente para alcanzar la eficiencia organizacional en organizaciones
que se incluyen en la categoría de utilitaristas.
Es de hacer notar que ningún tipo de organización
hace uso de un único tipo de compromiso y de un único
tipo de control para conseguir cumplimiento de parte de sus
componentes. Por lo general los tipos de compromiso y de control
que las distintas organizaciones ponen en práctica
tienen que ver con una “orientación principal”
pero conviven así mismo otras orientaciones que son
secundarias. Por ejemplo en las organizaciones utilitaristas
se pone especial énfasis en las recompensas económicas
pero aunque estas son vitales muchos de sus miembros, como
por ejemplo los profesionales, prefieren que también
se tenga en cuenta aspectos de tipo moral donde se privilegian
ciertos valores que se vinculan con el aprendizaje y el posterior
desarrollo y crecimiento en la profesión.
Las implicancias son variadas y sutiles y es desafortunada
que muchas veces se ha super-simplificado el marco conceptual
de Amitai Etzioni. Por ejemplo hemos señalado que en
las organizaciones de tipo coactivo donde los participantes
no sufren ningún proceso especial para ingresar sino
que son insertados incluso en contra de sus deseos como es
el caso de las cárceles y los campos de concentración,
el comportamiento que se espera de los componentes es de tipo
alienante como se ha mencionado. Muchos padres y maestros
se preguntan a que se debe que muchos de sus hijos y alumnos
no tienen ni muestran interés alguno en los estudios
y les llama la atención como que este es un fenómeno
de tipo anormal; sin embargo, bajo la interesante perspectiva
de Etzioni parece razonable que actúen en forma alienante
ya que muchas veces “esos hijos y alumnos se ven empujados
hacia dentro de instituciones educativas sin haber tenido
la más mínima opción de elegir”.
A. Zaleznick en “Power and politics in organizational
life” (Harvard University Press – 1971) destaca
algo que es sumamente importante por sus implicancias prácticas
y que usualmente algunos gerentes y directivos no tienen en
cuenta: un gerente no debe confundir el concepto de cumplimiento
del de compromiso. Son dos conceptos distintos. El cumplimiento
puede conseguirse por distintos motivos, y no simplemente
por el grado de compromiso.
Tom Burns (“Industry in a new age”; New society
– 1963) ha puesto bien en claro que no existe una única
y mejor forma de organizarse. El arreglo organizacional más
eficiente tiene que ver con el tipo organizacional en que
está inserta la empresa y para ello hace referencia
a dos modelos distintos:
a. el mecanicista,
b. el orgánico.
Henry Tosi (“The environment / organization / person
contingency model: a meso approach to the study of organizations”;
JAI Press – 1992) destaca que en organizaciones mecanicistas
la autoridad y también el poder como la toma de decisiones
ha de estar sumamente centralizada. Hace notar que además
la autoridad legítima ha de ser muy posiblemente relativamente
estable durante largos períodos de tiempo ya que existen
menores fuerzas del exterior que impulsen hacia un cambio.
Pero por otro lado las organizaciones de tipo orgánico,
han de tener una estructura legítima de autoridad que
es menos estable y que ha de cambiar más frecuentemente
como resultado de los múltiples cambios en el contexto
a los cuales la organización ha de tener que adaptarse
para sobrevivir. En las organizaciones orgánicas la
autoridad no ha de estar tan concentrada y lo más común
es que esté dispersa muy posiblemente esa dispersión
ha de estar “cerca” de los proyectos que la firma
ha de estar encarando.
Hoy en día, y como resultado de la globalización
tecnológica, financiera y de comunicaciones las empresas
tienen más bien formas “mixtas” donde se
combinan unidades mecanicistas con unidades de tipo orgánico,
todos dentro de la misma organización. Esto significa
que las organizaciones adoptan una forma matricial con las
consiguientes ventajas y desventajas de trabajar en ellas.
Las consecuencias de la puesta en práctica de la organización
matricial han sido bastante serias para los participantes
organizacionales quienes “comienzan a vivir dentro de
una organización donde ya no tienen que reportar a
una sola persona”. En gran medida han sido las dificultades
en implementación del modelo de organización
matricial los que han creado y fortalecido en gran medida
la disciplina y la profesión de Desarrollo Organizacional
(Dr. Donald W. Cole: Congreso de Desarrollo Organizacional
– 1997).
Las personas estamos acostumbrados a reportar a uno por mucho
tiempo y – con la puesta en práctica de la organización
matricial los participantes organizacionales se encuentran
con una situación donde deben satisfacer demandas que
provienen de distintas fuentes y que a veces incluso están
en conflicto entre ellas. Si a esto le sumamos la frase bíblica
adoptada por el ex presidente de los Estados Unidos de Norteamérica
(Abraham Lincoln), en el sentido de que: “Toda casa
dividida por dentro no se sostiene”, nos encontramos
con que las organizaciones empiezan a tener dificultades que
se relacionan con los conceptos y prácticas de “autoridad”,
“quién manda”, “quién decide”;
en cuanto tiempo tengo que terminar este trabajo y dar cumplimiento
a una instrucción (que puede contradecirse con otra
que recibo de otra persona); “poder”; “cumplimiento”
y “compromiso”, entre otras.
Esta difícil tarea que comenzaron a confrontar las
organizaciones a partir de la segunda mitad del siglo pasado
ha sido afrontada por la profesión de desarrollo organizacional
con el sustento de las ciencias del comportamiento.
En el libro del Dr. Donald W. Cole y Eric Gaynor Butterfield
(“Professional Suicide or Organizational Murder”;
The Organization Development Institute International, Latinamerica
– 2005) se muestra que el cumplimiento dentro de una
organización no es algo que los superiores deben asumir
que sucede naturalmente. Los participantes organizacionales
pueden hacer algunas cosas que no están directamente
relacionados con los intereses de la organización y
pueden ir más lejos aún, haciendo cosas que
también están en contra de sus propios intereses.
En este tratado se muestra como después de una “luna
de miel” que sucede cuando la persona ingresa a la empresa
se desencadenan sucesos muchas veces a partir de la diferencia
entre lo que el participante tiene “en su cabeza”
(metafóricamente, puesto que es en su mente) respecto
de lo que es la organización y lo que el mismo participante
“vive” durante su permanencia. Estas diferencias
al no ser resueltas por él mismo, tienden a tratar
de resolverse con su superior que – probablemente –
no tenga mucho interés ni en resolverlas ni quizás
tampoco en escucharlas. De allí el participante puede
ir a sus pares quienes por lo general pueden “competir”
con el mismo quedando como una última opción
la de acudir a los subordinados. Un gerente que sufrió
esta situación manifestó que esta última
opción se parece a la que vivían los cristianos
en Roma antes de ser arrojados en la arena a los leones cuando
en las últimas horas podían hablar con otros.
Gregory Moorhead & Ricky Griffin (“Organizational
Behavior: Managing people and organizations”; Houghton
Mifflin Co – 1995) intentan una definición de
poder de las muchas que existen haciendo notar que no existe
una única definición que es aceptada por todos.
Ellos definen al “poder” como “una potencial
habilidad que tiene una persona o un grupo para ejercer control
sobre otra persona u otro grupo” y sugieren que en cuanto
a revisiones relacionadas con el significado de poder puedan
acudir a los siguientes tratados:
- Henry Mintzberg: “Power in and around organizations”;
Prentice-Hall – 1983;
- Jeffrey Pfeffer: “Power in organizations”;
Pitman Publishing – 1981;
- John Kenneth Galbraith; “The anatomy of power”;
Houghton-Mifflin – 1983;
- Gary A. Yukl: “Leadership in organizations”;
Prentice Hall – 1994.
Posiblemente los distintos tipos de poder más comunes
que se encuentran en la literatura tienen que ver con el trabajo
de John French y Bertram Raven (“The bases of social
power”; en Studies of social power – University
of MIchigan Press – 1959).
Estos autores distinguen 5 distintas bases de poder:
- el poder legítimo, que es básicamente autoridad,
ya que está basado fundamentalmente en la posición
y rol que uno ocupa dentro de la organización, donde
todo gerente tiene poder sobre sus subordinados y que se basa
en algún mecanismo que la organización emite
haciéndolo saber. Como hemos mencionado anteriormente
el advenimiento de la organización matricial, la organización
por proyectos, las re-ingenierías e implementación
de normas ISO que muchas veces operan transversal y horizontalmente,
presentan situaciones de conflicto y hacen un tanto difusa
este tipo de poder legítimo como así también
la autoridad.
- el poder “de las recompensas” que existe cuando
una persona está en posiciones de controlar a otra
u otras como consecuencia de recompensas que están
a su disposición y que son valorizadas por el tercero.
Debe tenerse en cuenta que las recompensas no tienen que ser
necesariamente materiales, puesto que el reconocimiento de
un trabajo bien realizado, propuestas de capacitación
y un interés en la carrera de los subordinados pueden
también pertenecer a esta categoría. Sin embargo
Eric Gaynor Butterfield (“Congreso de Desarrollo Organizacional;
1999 – Argentina) hace mención a que dentro de
las culturas latinoamericanas una gran mayoría de los
gerentes se sienten que no tienen poder sobre sus subordinados
y que eso debilita su autoridad, pues se basan en la concepción
casi exclusiva de “que no manejan los recursos que sus
subordinados necesitan”.
- El poder coactivo que se presenta en aquellas situaciones
donde una persona tiene la capacidad y posibilidad de castigar
tanto física como psicológicamente a otra persona
con el propósito de tener control sobre ella. Es común
que muchos gerentes consideren que no hacen uso de ésta
opción y se sorprenden sobremanera cuando uno le manifiesta
ciertas conductas gerenciales que corresponden a esta categoría
como es el caso de un gerente que llama la atención
de mala manera a uno de sus subordinados en la presencia de
sus pares. Las opciones dentro de esta categoría son
muchas y variadas y no solamente los propios gerentes departamentales
hacen uso de esta opción sino que también lo
utilizan muchos Gerentes de “Recursos Humanos”.
Una práctica común de éstos últimos
tiene que ver con “la amenaza sutil y subyacente de
transferir a un participante organizacional a una región
o sucursal lejos de donde está su familia”. Es
sorprendente como los superiores por un lado consideran que
no hacen uso de esta opción y por otro lado en el accionar
diario es una de las prácticas más comunes en
las empresas. Por eso cuando los gerentes manifiestan la hostilidad
y resentimiento de algunos de sus subordinados deben apreciar
si ellos mismos no están haciendo uso de medios de
poder coactivo; y si efectivamente es así no deberían
sorprenderse de las reacciones de sus propios subordinados.
- El poder basado en el expertise es el cuarto tipo de poder
y tiene que ver con la información que posee el incumbente.
Por ejemplo los vendedores poseen poder basado en el expertise
cuando se reservan información que se relaciona con
la venta de productos y servicios a los Clientes en su empresa.
Cuanto más importante es la información que
se posee, y son menores las fuentes alternativas que puedan
obtenerlo, el poder es mayor. El poder basado en el expertise
está muy disperso en toda la organización y
no siempre guarda una relación directa con la jerarquía
que ocupan los miembros organizacionales. Podemos decir que
en general el poder legítimo, el poder basado en las
recompensas y el poder coactivo no siempre están directamente
relacionados con el poder formal, pero por otro lado es frecuente
que así sea. En cambio, el poder basado en el expertise
guarda muy poca relación con la autoridad formal. El
poder basado en el expertise es lo que en gran medida aumenta
el poder de aquellas personas que trabajan en el departamento
de Investigación y Desarrollo. Muchos gerentes se dan
cuenta que su posición de poder se ve parcialmente
reducida cuando tienen asistentes que desempeñan muchos
de sus trabajos, participan en muchos de sus proyectos importantes
y por lo tanto monopolizan mucha de la información
del superior. En resumen, podemos decir que el poder basado
en el expertise se presenta cuando una persona controla información
que es valiosa para otra (s) personas.
- El poder “referente” se presenta cuando una
persona quiere imitar o asemejarse a otra y se manifiesta
a través del fenómeno de identificación.
Cuando una persona es muy respetada por otra que la desea
tomar como modelo, se convierte en una persona con poder “referente”.
Este tipo de poder se asemeja en gran medida al poder de expertise
en el sentido que guarda muy poca relación con la autoridad
formal dentro de la organización. Algunos autores tienden
a vincular el poder “referente” al carisma ya
que involucra a conceptos tales como compromiso emocional
y efectivo aceptación, deseo de seguir al referente
o líder y la confianza que deposita en él.
Otra forma de considerar el poder dentro de las organizaciones
puede ser a través de la distinción entre:
a. el poder derivado de la posición, tiene que ver
con la posición que ocupa el participante como consecuencia
del rol o la posición que ocupa dentro de la empresa.
Gregory Moorhead & Ricky Griffin (“Organizational
Behavior: Managing people and organizations”; Houghton
Mifflin Co – 1995) destacan que el poder legítimo,
el que está basado en las recompensas y en alguna medida
el poder coactivo y el poder de expertise contribuyen en gran
medida al poder “de la posición”.
b. por otro lado el poder personal reside básicamente
en la persona independientemente de la posición que
ocupa dentro de la organización, yu por consiguiente
podemos decir que se relaciona fuertemente con el poder referente
y con algunos aspectos del poder de expertise, poder coactivo,
y poder de recompensas. El poder personal es llevado a cabo
por el incumbente haciendo uso de la persuasión (Chester
Barnard: “The Functions of the executive” –
1938) o a través de lograr que otros se identifiquen
con uno lo que muchas veces influye no solamente sobre una
mayor performance sino también sobre el nivel de compromiso,
lealtad e involucramiento.
Si nosotros combinamos los dos tipos de poder (personal y
de la posición) basados en dos dimensiones distintas
nos encontramos con cuatro posibles situaciones donde la persona
que si tiene poder personal y también tiene poder de
posición es la persona con mayor poder posible y, por
el contrario, aquella que no tiene poder de posición
ni poder personal tiene el menor grado de poder. En posiciones
intermedias se ubican aquellas personas que tienen uno de
los otros dos poderes, quienes han de tener entonces un grado
de poder de tipo “moderado”.
Gary Jukl: “Leadership in organizations”, ha realizado
una distinción muy interesante, vigorosa y práctica
en relación con el poder dentro del ámbito organizacional
donde relaciona las “bases de poder”, los requerimientos
de personas que posee poder, y los posibles resultados a obtenerse.
Para cada una de los cinco distintos tipos de influencia el
autor discrimina respecto de sus impactos sobre tres variables:
a. compromiso
b. cumplimiento
c. resistencia
El poder referente es probable que alcance un nivel de compromiso
en la medida que el requerimiento efectuado pueda ser importante
para el líder; mientras que el nivel de cumplimiento
es posible si el requerimiento es percibido como no importante
para el líder; y la resistencia es posible si el requerimiento
se relaciona con algo que puede llegar a lastimar al líder.
En el poder de expertise el compromiso es posible si el requerimiento
es realizado en forma persuasiva y además cuando los
subordinados comparten los objetivos de trabajo del líder;
a su vez el cumplimiento es posible si el requerimiento se
ha efectuado en forma persuasiva pero los subordinados responden
de manera apática en cuando a conseguir los objetivos
en la tarea del líder; y finalmente la resistencia
es posible si el líder es arrogante e insultante, o
cuando los subordinados se oponen a los objetivos en el trabajo.
El poder legítimo es posible en cuanto al compromiso
si el requerimiento es realizado en una forma cortés
y apropiada; el cumplimiento es probable si el requerimiento
es visto como legítimo; y la resistencia es posible
si existen demandas arrogantes o cuando el requerimiento no
aparece como siendo apropiado.
El poder basado en recompensas hace posible el compromiso
cuando es usado de manera subrepticia, y teniendo en cuenta
factores personales; el cumplimiento es probable si es usado
de una manera mecánica e impersonal y la resistencia
es posible si es usado de manera manipuladora y arrogante.
Y finalmente el poder coactivo en cuanto al compromiso es
muy improbable; es posible en cuanto al cumplimiento si es
realizado en una manera no punitoria y por el contrario dando
y prestando asistencia; y la resistencia es probable si es
usada de una manera hostil o manipulativa.
Nos queda todavía para analizar una serie de propuestas
adicionales relacionadas con los procesos que se vinculan
a la autoridad, persuasión, el poder y el compromiso.
Pero vamos a dejar esas tareas para el día de mañana
y nos hemos de reunir en grupos de unas 5 personas para hacer
una dinámica relacionada con lo que hemos visto. Durante
el día de mañana, y en las primeras horas, hemos
de completar aspectos conceptuales y otras teorías
y abstracciones vinculadas con los temas de autoridad y poder;
no podemos dejar fuera de ninguna manera los trabajos monumentales
de Arnold Tannenbaum (distribución del poder y control
en la organización) y Carl Frost (nivel de participación
y su impacto sobre los resultados organizacionales). Les pido
que también me hagan recordar un interesante experimento
donde se muestra como las personas pueden – basándose
en el cumplimiento de las órdenes de “otro”
- llegar a ocasionar mucho dolor en otros participantes. En
dicho experimento se demostró como muchas personas
estaban dispuestas a seguir infligiendo dolor a “subordinados”
a través de electro-shocks (por supuesto simulados)
que excedían incluso los límites previstos.
Gracias por compartir.
Eric Gaynor Butterfield – Presidente
The Organization Development Institute International, latinamerica
(also Board member of The Organization Development Institute
- worldwide)
www.theodinstitute.org
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