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Desarrollo Organizacional
– “Grupos” (de trabajo)
Abstract de Taller de “Impacto de los Grupos en el Desarrollo
Organizacional” a cargo de Eric Gaynor Butterfield en
Febrero de 1993 – The Organization Development Institute
International, Latinamerica – www.theodinstitute.org
George Homans (“The human group”; Harcourt, Brace
and World – 1950) hace referencia a que un grupo está
conformado por un cierto número de personas que se
comunican entre sí con cierta frecuencia durante un
período de tiempo, y que son los suficientemente pocos
como para poder comunicarse cara-a-cara,.entre sí.
Todo grupo se caracteriza por la existencia de un patrón
de relaciones entre sus componentes que tiene carácter
repetitivo y se sostiene en el tiempo. Hay que diferenciar
los grupos de los “sistemas sociales”, como es
el caso de una nueva fábrica que se abre. El sistema
social tiene que ver con lo que Muzafer Sherif (“Experiments
in group conflict and cooperation”; Scientific American
– 1956 / “Inter-group relations and leadership”;
- 1962) llama una “situación de estar juntos”.
La situación de estar juntos es distinta de lo que
sucede en los grupos donde las relaciones se sostienen en
el tiempo ya que tienen permanencia y continuidad. Por lo
tanto podemos decir que un “grupo” es un concepto
longitudinal.
Nos suscribimos a la definición de “grupo”
que hacen Muzafer y Carolyn Sherif (“An outline of social
psychology”; Harper & Row – 1956) que se reproduce
textualmente, en inglés:
“A group is a social unit which consists of a number
of individuals who stand in (more or less) definite status
and role relationships to one another and which possesses
a set of values and norms of its own regulating the behavior
of individual members, at least in matters of consequence
to the group”. Y los autores detallan cuáles
son los cuatro principales factores que eventualmente conducen
al desarrollo de los grupos:
1. un tipo y grado de motivación que es común
a todos los miembros;
2. el desarrollo de normas y valores grupales;
3. la aparición de expectativas recíprocas de
los miembros del grupo en relación al comportamiento
de “otros”;
4. la aceptación por parte de los miembros organizacionales
respecto de las normas y valores grupales y de su aplicación,
incluso cuando los otros participantes no están presentes.
El psicólogo alemán Kurt Lewin (1890-1947)
ha sido uno de los expertos y notables investigadores en ciencias
del comportamiento que más energías ha dedicado
al estudio de Grupos. Kurt Lewin afirmaba que se encontró
evidencia en los programas de capacitación y entrenamiento
relacionados con cambios en los hábitos de alimentación,
productividad en el trabajo, criminalidad, alcoholismo, e
incluso prejuicios que resulta más fácil conseguir
cambios en los comportamientos de las personas cuando estos
están conformados dentro de un grupo que a través
de un trato individual (“Group decision and social change”
– 1947).
Los grupos han sido en algún momento grupos híbridos
como lo señalara el antropólogo USA, Ralph Linton
(“The study of man” – 1936). De modo que
la concepción de partir de pura-sangre no siempre es
correcta.
La antropóloga de USA, Margaret Mead (1901-1978) demuestra
“el importante peso relativo” que tiene el Grupo
por sobre las personas que la componen. “Cualquier miembro
de un grupo, siempre y cuando su posición dentro del
grupo es adecuadamente especificada, es una perfecta muestra
representativa del patrón general del grupo en su totalidad”
(“Nacional Carácter” – 1953).
También el sociólogo de USA – William
Graham Sumner – hace notar como los grupos se integran
dentro de la concepción de la “teoría
social evolucionista”, que privilegia los aspectos de
diferenciación e integración dentro de toda
comunidad (Paul Lawrence & Jay Lorsch, en “Organizations
and Environment”, Harvard University Press – 1967
desarrollan su modelo de eficiencia organizacional basado
en estas dos importantes variables). Sumner (“Folkways”
– 1906) afirma, literalmente y en inglés: “A
differentiation arises between ourselves, the we-group, or
in-group, and everybody else, or the others-groups, out-groups”.
Para Sumner todas las personas al tratar de satisfacer sus
necesidades no miran mas allá que de obtener satisfacción
inmediata” y como consecuencia de las necesidades repetitivas
que tiene el hombre se originan los hábitos en las
personas y las costumbres para el grupo.
Dentro de todo grupo la variable conflicto puede ser encontrada
“naturalmente” como lo asegura el sociólogo
alemán Georg Simmel: “Una cierta cantidad de
desacuerdos, divergencias internas y controversias hacia fuera,
están orgánicamente unidas con los mismos elementos
que finalmente sirven para mantener al grupo en forma compacta”.
Las afirmaciones de Sumner y de Simmel deben ser tenidas
fuertemente en cuenta por todos aquellos interesados en crear
organizaciones como así también en sostenerlas
y desarrollarlas. Como individuos muchos podemos tener una
larga vida con orientaciones y preferencias de basados en
operar como resultado de una perspectiva unidimensional pero
para los grupos es totalmente imprescindible tener una perspectiva
bi-dimensional y además operar y funcionar bi-dimensionalmente.
Para aquellos que consideran que los hallazgos de una unidad
de análisis son aplicables a otras (superiores) antes
de encontrarse con sorpresas desagradables sería bueno
que se familiaricen con los pensamientos y sugerencias de
Emile Durkheim quien deja bien en clara que una sociedad no
es meramente la suma de sus individuos. Sino que más
bien una sociedad es un sistema conformado por las asociaciones
entre sus miembros que en su conjunto representan una realidad
específica que tiene sus propias características.
Para Durkheim los Grupos, piensan, sienten y actúan
de una manera bastante diferente en que lo harían sus
miembros si estos últimos estuvieran aislados. Por
lo tanto, según Durkheim, si comenzamos a poner foco
en el individuo (dentro de un grupo) no seremos capaces de
entender nada de todo lo que sucede dentro de un grupo (Emile
Durkheim: “The rules of sociological method” –
1895).
Charles Cooley (“Human nature and the social order”
– 1902) señala como nuestras acciones se relacionan
con nuestro “grupo de referencia” que es un término
desarrollado por Herbert Hyman (“The psychology of status”
– 1942). “The reference group to which we give
allegiance, and to whose standards we try to conform, is determined
by our own selective affinity, choosing among all the personal
influences accessible to us; and so far as we select with
any independence of our palpable companions, we have the appearance
of non-conformity”. Posiblemente nadie major que Hyman
para explicitar y mostrar la importancia de los “grupos
de referencia”.
Josephine Klein (“Working with Groups”; Hutchinson
University Library – 1961) destaca la fuerte relación
entre las “ideas” y los grupos al señalar
que “las ideas hacen que el hombre se circunscriba a
ciertos grupos sociales y al mismo tiempo ciertos grupos sociales
circunscriben a un hombre a ciertas ideas”. Explica
en detalle como la secuencia normal por la cual una persona
ingresa a un grupo tiene que ver con el “descongelamiento
de ideas” y destaca que esto es logrado a través
del contacto con nuevos hechos y con nuevos valores. El funcionamiento
de los comités y la manera en que el líder facilita
la reunión con el grupo son de vital importancia en
términos de los resultados que se han de alcanzar con
ese grupo.
Así como Rensis Likert (“New Patterns of Management”;
McGraw-Hill – 1961”) elige poner foco en las relaciones
grupales y la importante función de “linking
pin”, posiblemente nadie ha acompañado más
de cerca este pensamiento de Likert que D. Katz y R.L. Kahn
(“The social psychology of organizations”; Wiley
– 1966). Katz & Kahn proponen un medio específico
como una manera de relacionar (link) al individuo dentro de
la organización, y para ello eligen el concepto –
y práctica – de “rol”. Para estos
autores todas las personas dentro de una organización
están relacionadas (linkeadas) con otras personas (ambos
pertenecientes a grupos) llevando a cabo requerimientos funcionales
del sistema que son usualmente implementadas a través
de las expectativas que otras personas tienen sobre uno mismo
(la persona focal según Katz & Kahn). Ellos eligen
como inicio de todo el ciclo de relacionamiento entre las
personas vinculadas en grupos a las “expectativas del
rol” que tienen los miembros respecto de la persona
focal que se confirma con el envío de dichas expectativas
a la persona focal. La recepción por parte de la persona
focal se vincula con las percepciones y la conducta de ella,
y finalmente la persona focal actúa en función
de cómo impactan las expectativas de otros en sí
mismo. Katz & Kahn destacan la complejidad de las situaciones
que se presentan dentro de los contextos organizacionales
lo que hace necesario observar el comportamiento de ésta
bajo una perspectiva mucho más compleja que bajo la
forma de organización jerárquica piramidal.
Para ilustrarlo los autores muestran que en los grupos dentro
de las organizaciones las situaciones son complejas como resultado
de que: las múltiples actividades pueden ser definidas
dentro de un solo rol; múltiples roles pueden estar
definidos dentro de una oficina; y a su vez múltiples
oficinas pueden estar a cargo de una sola persona. A estas
complicaciones deben agregarse algunas super-simplificaciones
que ocurren en los “episodios de los roles” (los
procesos): los distintos participantes organizacionales usualmente
en desacuerdo respecto de lo que la persona focal debe hacer
como así también el hecho de que el “episodio
del rol” usualmente es el resultado de un conjunto de
fuerzas e influencias organizacionales. Ante esta situación
emerge el conflicto que se exterioriza dentro de cuatro categorías
principales: el conflicto “intra-sender” que tiene
que ver con las expectativas incompatibles de un miembro del
grupo; el conflicto “inter-sender” que es el resultado
de las expectativas incompatibles que sostienen dos o mas
personas del grupo; el conflicto “inter-rol” que
se manifiesta por las incompatibilidades entre dos o mas roles
de la misma persona focal; y el conflicto “persona-rol”
que se origina por las incompatibilidades entre los requerimientos
de un rol y las necesidades o los valores de la persona.G
El economista y sociólogo de nacionalidad Italiano
Wilfredo Pareto muestra la influencia que tienen los grupos
en las personas que van mucho más allá de la
membresía y pertenencia a su grupo original. En (“The
mind and society” – 1916) afirmaba que debe estudiarse
cuidadosamente la forma en que se entremezclan distintos grupos
dentro de una comunidad. Pareto destacaba que al momento de
desplazarse una persona de un grupo hacia otro los individuos
llevan sus inclinaciones, sentimientos, y actitudes que trae
consigo desde su propio grupo original, lo que no debe ser
ignorado de ninguna manera. Everett Stonequist (“The
marginal man” – 1937) va incluso algo más
allá. Everett destaca que “… el individuo
que a través de un proceso de migración, educación,
casamiento o algún otro proceso e influencia deja un
grupo social o una cultura en particular sin haber antes realizado
un ajuste satisfactorio en otro grupo ha de encontrarse en
el margen de cada uno de los grupos y nunca ha de ser un miembro
de ninguno de ellos. A estas personas Stonequist le asigna
el nombre de “hombre marginal”.
El teólogo Italiano Thomas Aquinas señala que
“ … es absolutamente natural para el hombre más
que para cualquier otro animal, ser un animal social y político,
y tener que vivir dentro de un grupo. … Y por lo tanto
es necesario e indispensable que por algún medio las
personas sean gobernadas” (On Kingship” –
1265). Y esta afirmación de Aquinas es llevada mucho
más allá quien explicita claramente la necesidad
de la existencia de un líder o conductor que se haga
cargo y dirija el grupo.
Aquellos que “creen” que los grupos operan eficaz
y eficientemente con poco esfuerzo deben aprender a ser más
cautelosos. El economista Mancar Olson (“The logic of
collective action” – 1965) destaca que “…
A menos que el número de individuos en un grupo es
bastante reducido, o a menos que exista algún mecanismo
de coerción o algún otro mecanismo que permite
a las personas actuar en su propio interés común,
los individuos han de responder en base a sus propios intereses
personales de manera “racional” en lugar de dirigir
sus acciones hacia el logro de intereses comunes”. Más
aún, “ … incluso si todos los individuos
que pertenecen a un grupo grande en número fueran racionales
y se guiaran por sus intereses personales, incluso aunque
pudieran llegar a obtener beneficios personales, incluso así
no actuarían voluntariamente para lograr los intereses
comunes o del grupo en general”.
De ahora en más hemos de adentrarnos en el fenómeno
conocido como toma-de-decisiones en Grupos.
Muchos de los estudios respecto de Grupos se iniciaron en
el primer cuarto del siglo XX que muchas veces estaban vinculados
con los comportamientos no-sociales de los niños que
fueron algunos años más tarde ampliados por
A. S. Makarenko (“The road to life: An epic of education”
– 1955) quien consideró la importancia de ciertas
características en los grupos que se relacionaban con
los resultados a alcanzarse dentro del ámbito educativo.
D. Hewitt & J. Parfit dentro del ámbito empresarial
(“A note on working morale and size of group”;
Occupational Psychology – 1953) y también S.
Wyatt (“A study of output in two similar factories”;
British Journal of Psychology – 1953) nos hacen ver
que la influencia del grupo sobre los trabajadores es significativa
en relación a los niveles de productividad. Y una de
las preguntas claves se relaciona con: ¿Cuándo
es que un conjunto de individuos se convierte en un grupo?
Todos estamos familiarizados con formación de un grupo
lo que hace necesario que nos dediquemos a estudiar cuales
son sus características, semejanzas y distinciones
sistemáticas con otras unidades de análisis,
y qué propiedades en particular se presentan en los
grupos.
Posiblemente uno de los trabajos mas famosos en materia de
Grupos dentro de contextos organizacionales es el realizado
por Elton Mayo en la planta de Western Electric (F. J. Roethlisberger
& W. J. Dickson: “Management and the worker”;
Harvard University Press – 1939). Otros autores, como
es el caso de J. L. Moreno (“Who shall survive?”;
Nervous and mental disease Publkishing Co. – 1934) hacen
uso de la metodología de mapeo sociométrico.
Kurt Lewin, R. Lippitt & R. K. White (“Patterns
of aggresive behavior in experimentally created social climates”;
Journal of social psychology – 1939) ha estudiado los
grupos desde el método experimental y Muzafer Sherif
(tanto solo como con otros autores) dedicó unos 20
años de su vida para estudiar los fenómenos
de formación de grupos y su impacto sobre los individuos
y el contexto, como así también de estos sobre
los grupos.
Los estudios en la planta de Hawthorne mostraron algunos
hallazgos no-anticipados por los investigadores. Estos, influenciados
por el impacto de las condiciones en el trabajo típicos
de la escuela de administración científica,
trataban de mostrar nuevas evidencias respecto de las condiciones
físicas en el contexto del trabajo sobre la productividad
de los trabajadores. Se suponía que las condiciones
de luminosidad” y los “descansos en el trabajo”
guardarían algún tipo de relación directa
con la performance de los trabajadores. Lo que no ha sido
así.
Por el contrario, los investigadores encontraron que tanto
las condiciones psicológicas como sociales - y su evolución
en el proyecto – eran variables más poderosas
que los aspectos físicos. Los investigadores aprendieron
que el hecho de que los trabajadores desarrollaron una fuerte
identidad grupal en el tiempo que4 tuvo un fuerte impacto
sobre las normas del grupo, y que éstas a su vez guardaban
una fuerte relación con los niveles de productividad
grupal.
Otro trabajo clásico y que ha tenido una fuerte influencia
sobre el aprendizaje del comportamiento de Grupos es la interesante
investigación llevada a cabo por el Tavistock group
en minas de carbón. El impacto de una nueva tecnología
hizo que muchos grupos (y sus personas) se distanciaran entre
sí lo que ha sido atribuido a la alta destrucción
de las relaciones inter-personales a las que los grupos estaban
acostumbrados tanto dentro de sí mismos como con otros
grupos. Finalmente en las minas de carbón se desarrollaron
normas grupales de menor productividad que se puede atribuir
al hecho de tener con un estado emocional no-deseado y a las
dificultades de la nueva tecnología.
L. Coch & J. R. P. French (“Overcoming resistance
to change”; Human Relations – 1948) encontraron
evidencia que ante diversos estilos “de liderazgo”
(participativo, representativo, y no-participativo) las normas
grupales influyeron sobre los niveles de productividad, tanto
para incrementarla como para reducirla. Theodore Newcomb (“Social
Psychology”; Dryden – 1954) muestra como un grupo
puede influir muy negativamente sobre los resultados de la
organización. Una empleada podía producir por
encima de la norma pero los esfuerzos por impedirlo desde
el grupo consiguieron su objetivo, con lo que dicho nivel
de productividad no pudo ser alcanzado. Newcomb destaca que
cuando el grupo fue disuelto la productividad de esta misma
persona aumentó el 100 %.
I. J. Richard Hackman (“Group Influences on Individuals
in Organizations”; Handbook of Industrial Psychology,
Consulting Psychologists Press – 1992) destaca que existen
dos motives principales por los cuales los grupos tienen una
enorme influencia sobre las personas dentro de las organizaciones
y que tiene que ver con dos clases especiales de estímulos:
a. los estímulos “ambientales”: son aquellos
que de todas maneras están presente y los miembros
del grupo tienen que vivir con ellos como es el caso de los
otros miembros del grupo, aspectos físicos del trabajo
y materiales con los cuales las personas tienen que trabajar.
b. Los estímulos “discrecionales”: son
aquellos que se adjudican a los distintos miembros del grupo
en forma diferencial y selectiva como es el caso del dinero,
instrucciones y directivas, formas de reracionamiento, mensajes
de aprobación o desaprobación, entre otros.
Por otro lado Hackman (ya citado) destaca que los estímulos
pueden producir tres tipos distintos de consecuencias en los
grupos, como ser: la situación informativa (afecta
las creencias y el conocimiento de las personas) , la situación
afectiva (afecta las actitudes, valores, y emociones), y sus
comportamientos. Como resultado de la combinación de
los 2 tipos de estímulos (ambientales y discrecionales)
y de las 3 diferentes fuentes de impacto de los estímulos
(las consecuencias) se dan seis posibles situaciones.
El estímulo discrecional es de suma importancia para
los directivos, ejecutivos y gerentes en las empresas ya que
a diferencia del estímulo ambiental está directamente
bajo control por el grupo y además es administrado
a los distintos miembros del grupo dependiendo del comportamiento
puntual de cada uno de los miembros del grupo (o de sus actitudes,
palabras y creencias).
Todo grupo exitoso tiene la necesidad de ser sumamente preciso
en cuanto al manejo de los estímulos “discrecionales”
ya que estos estímulos son muy buenos para influenciar
las actitudes, creencias, valores, percepciones, y comportamientos
de los distintos miembros del grupo. Por lo tanto los grupos
y las organizaciones pueden sacar interesantes beneficios
al hacer uso de las mismas durante su fase inicial. Las organizaciones
normativas (Amitai Etzioni: “Modern Organizations”;
Prentice Hall – 1964) dedican muchas de sus energías
a dar dirección a distintos estímulos discrecionales
realizando agrupaciones “selectivas” de personas
las cuales reciben servicios diferentes. Uno de los motivos
por los cuales las organizaciones hacen uso de los estímulos
discrecionales tiene que ver con su gran utilidad para educar
– formar y también socializar a su personal.
Los estímulos discrecionales son de gran beneficio
para que los distintos miembros del grupo sepan identificar
y distinguir que ideas, pensamientos, actitudes y acciones
son correctas, respecto de aquellas que no lo son.
Richard Hackman (ya citado) destaca que otro de los propósitos
del estímulo discrecional tiene que ver con la necesidad
de producir cierto tipo de uniformidad en y dentro del grupo.
La uniformidad es necesaria para que los grupos sean eficientes
en el desarrollo de sus procesos y también en cuanto
a determinar y precisar una particular orientación
hacia sus Clientes. El autor destaca que tanto las orquestas
como los equipos deportivos requieren de cierta uniformidad
para alcanzar niveles altos de performance; en los casos de
las orquestas y deportistas sus miembros deben tener un alto
nivel de conocimientos, habilidades y destrezas. Las organizaciones
– al igual que los grupos – requieren también
de ciertas uniformidades con el propósito de proteger
el mantenimiento del grupo (y de la organización).
La sub-función de mantenimiento (D. Katz & R. Kahn:
“The social psychology of organizations”; New
York, John Wiley – 1978) es vital para las empresas,
tanto como lo es el sub-sistema de creación o de investigación
y desarrollo.
Existen por supuesto algunas circunstancias donde un exceso
en la orientación hacia “mantenimiento”
del grupo puede llegar a dispararnos en contra como es el
caso que menciona I. L. Janis (“Victims of groupthink”;
New York: Houghton Mifflin – 1982)• en relación
con la invasión de los Estados Unidos de Norteamérica
a la Bahía de los Cochinos en Cuba. Según Janis
si el grupo que discutía la invasión a la Bahía
de los Cochinos no hubiera tenido tanta presión hacia
la uniformidad y hubiera manifestado abiertamente sus reservas
respecto de dicho plan de invasión, hubiera sido posible
evitar el desastre.
La orientación hacia la diversidad se presenta en
todos los grupos muy poco tiempo después de que se
inicia el grupo. Los miembros se han de diferenciar muy rápidamente
entre aquellos que han de tener la responsabilidad de liderar
y aquellos que han de ser seguidores, luego entre aquellos
que se presentan como subordinados para cada líder
en particular y finalmente existe una diferenciación
adicional entre aquellos que desarrollan tareas y actividades
propias del grupo de aquellas que son mas bien de mantenimiento.
Con el tiempo surgen diferenciaciones adicionales como resultado
de una necesaria división del trabajo que puede realizarse
“naturalmente” o “de manera impuesta”.
Las funciones de mantenimiento se especializan en mayor medida
con el tiempo existiendo aquellos miembros que se especializan
como mediadores, otros proveen energías en los momentos
difíciles y un tercer grupo puede dedicarse a atender
a aquellos que se sienten “heridos”.
Existe una natural diferenciación de roles dentro
de los grupos y “alguien” debe cumplimentar con
dichos “roles esperados”; cuando un miembro deja
de cumplimentar con dicho rol que es esperado por otros miembros
del grupo pueden producirse ciertas consecuencias disfuncionales
para el grupo y resulta necesario “llenar ese rol”
cuanto antes.
Podemos decir que casi todos los grupos crean una diferenciación
entre sus miembros y luego se estabilizan con el transcurso
del tiempo. F. H. Allport (“Theories of perception and
the concept of structure”; New York: Wiley & Sons
– 1955) destaca que todos los sistemas tienen una tendencia
natural hacia el desorden pero que la misma está contrarrestada
con ciertos controles qye ayudan a sostenerla y mantenerla.
Algo similar han encontrado Paul Lawrence & Jay Lorsch
(“Organizations & Environment”; Harvard University
Press – 1967) quienes encontraron evidencia que muestra
que las organizaciones exitosas son aquellas que son capaces
de “diferenciarse e integrase” al mismo tiempo.
Aunque restan algunos aspectos importantes a tener en cuenta
relacionados con la toma-de-decisiones en Grupos vamos a hacer
un pequeño intermedio y nos hemos de abocar ahora a
tratar de identificar aquellos aspectos esenciales que hay
que tener en cuenta en el proceso de “Formación
de un Grupo”.
Alvar Elbing (“Behavioral decisions in organizations”;
Scott, Foresman and Co – 1970) distinguen los siguientes
aspectos esenciales en el proceso de formación de un
grupo:
- la existencia de una base motivacional que origine interacciones
repetitivas entre los miembros
- la formación de algún tipo de estructura organizativa,
conformada por roles y posiciones con status (rango dentro
del poder)
- la formación y desarrollo de reglas, ciertas tradiciones,
valores y normas
- el desarrollo de efectos diferenciales respecto de las distintas
propiedades del grupo en las actitudes y comportamientos de
los participantes en el transcurso del tiempo.
Los estudios de Hawthorne mostraron la importancia de las
normas en el comportamiento – y los resultados –
de los grupos. Y las normas son sumamente importantes desde
el mismo inicio y conformación del grupo. Una norma
puede ser definida como una escala evaluativa, donde se define
para cada uno de los miembros individuales una “latitud
de aceptación” como también una “latitud
de rechazo”, que permite regular los comportamientos
de las personas en asuntos y temas que tienen consecuencias
para el grupo (Carolyn Sherif, Muzafer Sherif & R. Nebergall:
“Attitude and Attitude Change”; Saunders –
1965).
Una pregunta que usualmente me han formulado asistentes a
distintos Cursos, Talleres y Jornadas, guarda tiene que ver
con “Como puedo identificar a un Grupo”. Alvar
Elbing (ya citado) señala que existen tres diferentes
maneras objetivas de detectar la existencia de un grupo:
1. Observando similitudes y regularidades en los comportamientos
(palabras y hechos) que están presente en un conjunto
de personas pero no en otro conjunto de personas bajo la misma
situación.
2. Observando acciones correctivas como por ejemplo las sanciones
en relación a ciertos comportamientos y también
los elogios o recompensas para otros. Reacciones a posibles
desviaciones están entre las mejores evidencias respecto
de los límites de un comportamiento aceptable. Las
mismas pueden ir desde un rango de desaprobación hasta
amenazas y castigos.
3. Observando la cada vez mayor similitud y convergencia en
el transcurso del tiempo respecto de los comportamientos de
personas que inicialmente se comportaron de manera diferente.
Por ejemplo, el ingreso de una nueva persona al grupo provee
una buena oportunidad de detectar la existencia de sus normas.
La estabilización de un conjunto de normas, reglas
y procedimientos está fuertemente ligada al desarrollo
de un grupo y, aunque tiene un impacto positiva en la primera
etapa de formación de un grupo, su rigidez en el tiempo
ante un contexto turbulento puede llegar a resultarle fatal
para la propia existencia del grupo.
Los grupos tienen la extraordinaria propiedad de regular
los comportamientos y las actitudes de sus miembros, y muchas
veces esto lo pueden hacer tanto a través de sanciones
y controles externos como ante la inexistencia de las mismas.
En ese sentido guardan un paralelo con el comportamiento de
los “Profesionales Diplomados” cuyos comportamientos
frecuentemente están regulados por sus propias asociaciones
profesionales mas que por sus superiores dentro de las corporaciones.
La formación de un grupo presenta aspectos particulares
que hemos descrito más arriba y el “crecimiento”
del grupo es a lo que nos hemos de abocar ahora. Herbert Thelen
y Watson Dickerman recogieron valiosas experiencias como resultado
de las sesiones grupales llevadas a cabo por The Nacional
Training Laboratory en el año 1948, lo que les ha servido
identificar distintas fases de desarrollo en el crecimiento
de los grupos como así también la presencia
de ciertos estereotipos (ver “Educational Leadership”;
The association for supervision and curriculum development
– 1949). El proceso de elección de un líder,
el de toma de decisiones grupales y su resolución de
problemas, como así también la asignación
y apropiación de los distintos roles y status, son
aspectos que inciden decididamente sobre el comportamiento
grupal y sobre la productividad, performance y resultados
del mismo.
Según ambos autores, en la primera fase de desarrollo
del grupo los distintos miembros tratan rápidamente
de establecerse en sus “puestos y posiciones habituales”
dentro de la escala de liderazgo, lo que sugiere que se desarrollan
intentos de organizarse bajo “una ley del gallinero”.
En la segunda etapa de desarrollo muchos miembros parecen
resistir al concepto y práctica de la “ley7 del
gallinero” como así también al sistema
de autoridad prevaleciente que encuentra su raíz en
dicha ley. Durante la tercera fase se manifiesta el desarrollo
de cohesión entre los distintos participantes del grupo
lo que es habitualmente acompañado por cierto grado
de “complacencia”. Herbert Thelen y Watson Dickerman
(ya citados) señalan que en gran medida esta fase es
sumamente inestable ya que es poco realista y nos lleva a
la siguiente y última fase (la cuarta) donde los miembros
parecen centrarse en el grupo y se caracterizan los distintos
miembros por desarrollar en conjunto un propósito y
cierto sentido de urgencia que hace que finalmente el grupo
sea potencialmente un instrumento efectivo.
Distintos estereotipos se perfilan y caracterizan a cada
una de estas etapas. En la primera fase los autores destacan
que el grupo “está centrado en los individuos”
y que cada grupo requiere de un líder. La membresía
y pertenencia a un grupo requiere de una activa participación
tanto oral como activa por parte de sus miembros ya que la
carencia de éstas (la carencia de la comunicación
verbal) no refleja la existencia de buenos miembros. En esta
etapa una de las principales tareas del líder consiste
en movilizar al grupo hacia objetivos apropiados sustentado
en su propia autoridad y competencia.
Como consecuencia de la frustración y conflicto que
emerge como consecuencia de la “ley del gallinero”
(primera fase) y la constitución de un líder
se pone a prueba la elección durante la segunda fase
del tipo de liderazgo. El mismo puede ser de tipo autoritario
basado en un liderazgo fuerte, dominante y autocrático
versus un tipo de liderazgo laissez faire. Los autores sugieren
que se plantea usualmente una pregunta relacionada con: ¿Bajo
que condiciones esta es una buena política a llevar
a cabo? Cuando en realidad debería reformularse la
pregunta como ¿Bajo que condiciones cual es la política
a aplicar?
Por lo tanto en esta segunda fase – y en relación
con los estereotipos – una tarea importante es la de
poder hacer las preguntas correctas lo que es mucho más
relevante que saltar a las respuestas correctas. Los autores
sugieren que en esta fase la tarea del líder puede
tener que ver también con un estilo de liderazgo y
la creación de un clima que le permita a los distintos
miembros del grupo tener ciertos permisos que les permitan
liberar sus ansiedades personales que, en caso contrario,
se traducirían finalmente en situaciones potencialmente
conflictivas por encima del nivel conveniente.
Todo el tipo de conflicto que podía atentar contra
el desarrollo del grupo durante la segunda fase puede verse
eliminado en la medida en que se ponga foco a reducir o aminorar
el nivel de conflicto. Por ello los autores señalan
que encuentran en esta etapa los siguientes estereotipos predominantes:
- el objetivo del grupo es la cohesión, en lugar de
la productividad
- Las personas deben controlar sus propios impulsos de manera
que el conflicto no se manifieste totalmente en una forma
abierta
- El estilo del líder es muy cercano al tipo de liderazgo
laissez faire
- Es conveniente que se vayan desarrollando comités
de planeamiento de acciones futuras y definiciones de proyectos
- No debemos olvidar a aquellas personas que se mantienen
en silencio y mas bien debemos estimularlas a que manifiesten
sus opiniones haciéndonos saber si es que no están
satisfechas con el proceso.
- Es sumamente importante el nivel de satisfacción
de las personas dentro del grupo
Durante la última etapa – la cuarta –
los autores destacan que los perfiles y estereotipos no son
tan nítidos como en las otras fases anteriores. Resulta
por otro lado bastante claro que el grupo se mueve en la dirección
de ser más objetivo y ecuánime en relación
a los distintos roles individuales. Y también han observado
que al grupo le resulta más fácil tomar y adoptar
decisiones y en hacer uso de mayor flexibilidad en cuanto
se relaciona con el control de los procesos grupales.
Herbert Thelen y Watson Dickerman señalan que entre
las preguntas de mayor utilidad a estas alturas podemos incluir
estas dos:
- ¿Cuál es nuestro propósito en estos
momentos?
- ¿Cuál es el problema que nosotros estamos
tratando de resolver?
En general los autores concluyen que el desarrollo del grupo
comienza con la tarea se centra en que las necesidades individuales
son las de encontrar seguridad y protección. Se pasa
desde un inicial involucramiento emocional de las personas
entre sí hacia un involucramiento de tipo grupal. La
seguridad individual basada en la posición que se presenta
inicialmente va perdiendo fuerza en la medida que las personas
van ocupando roles que han permitido que el grupo solucione
el problema y la situación que confronta.
Uno de los hallazgos más importante en materia de
Grupos tiene que ver con su tremendo impacto sobre las acciones
aprendidas y como pueden las mismas ponerse en acción.
D. Cartwright (“Some principles of mass persuassion:
Selected findings of research on the sale of United Status
war bonds”; Human Relations – 1949) destaca los
pobres resultados en cuanto a conseguir cambios en las personas
como resultado de la persuasión en masa y los medios
masivos a través de educadores, propagandistas, publicistas
y otros profesionales. La efectividad que tienen las “clases”
y charlas en cuanto a conseguir cambios que deben ser llevados
a la acción son también señaladas por
Cartwright quien incluso llega a asegurar “que algo
debe andar mal con nuestras teorías sobre el aprendizaje,
la motivación y la psicología social”.
Parece que estamos teniendo fuertes indicadores que nos señalan
como, a través de un método basado en la discusión
del grupo, donde el grupo como una “totalidad”
toma una decisión orientada a que sus miembros cambien
su comportamiento, fue 100 % al 1000 % más efectivo
en producir un cambio real en comparación con una charla
o conferencia. Todavía no sabemos exactamente que es
lo que produce estas diferencias pero sí sabemos que
estas diferencias están presentes.
La fuerza de la dinámica grupal es muy poderosa (la
palabra dinámica” tiene un origen griego que
significa “fuerza”). R. Lippitt encontró
evidencia (“Training in community relations”;
Harper & Row – 1949) que las personas que habían
sido “entrenadas” en un grupo eran mucho más
activas y propensas a implementar cambios de conducta que
aquellas personas que eran entrenadas en forma aislada.
Ello lleva a D. Cartwright a afirmar (“Human Relations”;
Plenjum Publishing Co. – 1951) que los comportamientos,
las actitudes, las creencias y los valores de las personas
individuales se encuentran sumamente afirmadas con el grupo
a que pertenecen. La naturaleza de estos grupos es lo que
ha de determinar si dichas personas han de resistir o aceptar
el cambio. Aunque el objetivo sea el de conseguir cambios
en las personas individuales, nuestro target ha de ser producir
cambios en el grupo. Los grupos pueden ser poderosos mecanismos
para producir cambios y su efectividad ha de estar fuertemente
vinculada con la forma en que el grupo está organizado,
las satisfacciones que los distintos miembros del grupo reciben
(o no), la medida en que los objetivos son establecidos de
manera clara y precisa, el sistema de recompensas prevaleciente,
entre otros aspectos.
Cartwright (ya citado) pasa a considerar dos situaciones
prevalecientes relacionados con los proceso de cambio en relación
a las acciones grupales:
1. El grupo como un medio de cambio. Dentro de este contexto
el autor señala cinco principios prevalecientes:
- Las posibilidades de mejorar la “re-educación”
están ligadas con un sentido de pertenencia entre los
distintos actores así fueran éstos maestro-alumno,
superior-subordinado.
- Cuanto más atractivo es un grupo para sus miembros
mayor ha de ser la influencia que el grupo ha de ejercer en
ellos.
- Cuando intentamos cambiar actitudes, valores o comportamientos
cuanto mas relevantes ellos son respecto de la atracción
hacia el grupo, mayor ha de ser el grado de influencia que
el grupo puede a su vez ejercer sobre ellos.
- Cuanto mayor es el grado de prestigio que posee un miembro
del grupo respecto de otros miembros, mayor ha de ser la influencia
que puede ejercer sobre ellos.
- Todo tipo de esfuerzo orientado a cambiar individuos o miembros
de un grupo “produciendo desviaciones en las normas
grupales” ha de encontrar fuerte resistencia.
2. El grupo como un target de cambio. El autor destaca 3
principios a tener en cuenta:
- Se pueden establecer fuertes presiones para producir cambios
en el grupo como resultado de crear una percepción
común entre sus distintos miembros respecto de la necesidad
de cambiar, haciendo que de esa manera la presión por
el cambio esté “dentro del propio grupo”.
- La información que se relaciona con la necesidad
del cambio, los planes del cambio, y las consecuencias del
cambio deben ser compartidas por todos los miembros relevantes
del grupo.
- Los cambios en alguna parte del grupo han de crear tensión
en otras partes del grupo que están vinculadas; y solamente
pueden ser reducidas por acciones conducentes a eliminar el
cambio o como resultado de realizar reajustes en las diferentes
partes.
Un autor muy destacado en cuanto a sus contribuciones y aportes
a las ciencias del comportamiento es Edgar Schein, quien además
analizó en detalle el impacto de “otros en grupos”
sobre una persona. Sus inquietudes nacieron de investigaciones
y aprendizajes propios como resultado de lo que sucedía
tanto a civiles como militares de USA que habían sido
prisioneros en la guerra de Corea. Estos estudios y trabajos
originales de Edgar Schein fueron más adelante complementados
con trabajos de campo donde se analizaron tanto a estudiantes
y miembros del cuerpo de profesores como así también
a empleados, profesionales, ejecutivos y directivos en empresas.
Al parecer se encontraba evidencia que las personas cambiamos
de acuerdo a con quien nos relacionamos y que ese cambio no
se mantiene permanente sino que vuelve a modificarse a través
del tiempo como resultado de nuestros traslados en el desarrollo
de carrera. Schein denomina a este proceso como el de “socialización
organizacional” bajo su propia perspectiva reconociendo
que un posiblemente los sociólogos lo definirían
como “socialización ocupacional”.
En realidad el proceso por el cual las personas cambiamos
durante el transcurso de nuestras vidas es “tan natural”
que muy pocas veces le prestamos atención a ello. Pero
esto es algo que el “management” no puede dejar
de observar ni de tener en cuenta si es que está realmente
interesado en alcanzar eficiencia organizacional. Puesto que
si el “management” no le presta atención
el cambio ha de suceder de todas maneras pero posiblemente
dichos cambios se orienten en dirección opuesta los
intereses de la gerencia.
Prestar consideración al impacto de los grupos en
el comportamiento de las personas, desde el mismo inicio de
la relación de una persona con el grupo es de vital
importancia para Edgar Schein. El ingreso de la persona al
grupo, como loase, sus pasos iniciales, el grado de socialización
alcanzado son influencias muy grandes que se relacionan fuertemente
con la lealtad del personal y su eficiencia.
Ser exitoso en los procesos de socialización no es
una tarea fácil y usualmente se presentan tres posibles
respuestas a dicho proceso:
1. emerge el “rebelde” que rechaza tanto los
valores como las normas de la organización. La existencia
de “rebeldes” son una clara muestra del fracaso
del proceso de socialización ya que la persona es expulsado
de la organización o permanece en ella dedicando energías
que son dirigidas hacia el fracaso de los objetivos organizacionales.
2. el “conformista” que también significa
un fracaso desde el punto de vista del proceso de socialización.
Este tipo de personaje acepta todos los valores y todas las
normas. El fracaso consiste en que esta persona ha de dedicar
la mayor parte de sus energías y esfuerzos a aceptar
todo lo que existe y por lo tanto su perfil de comportamiento
se ha de asemejar al del tipo burocrático. Este tipo
de personaje tiende a “sentirse cómodo”
dentro de la organización y esa ubicación dentro
de un “área de comodidad” ha de frenar
los impulsos desarrolladores.
3. el “individualista creativo” es aquel que acepta
únicamente los valores y normas fundamentales (los
pilares principales) y que al mismo tiempo rechaza otros valores
y normas. El éxito de un proceso de socialización
radica en crear personajes que se ubiquen dentro de ésta
tercera categoría ya que con ellos la organización
ha de estar en condiciones de lidiar ventajosamente con las
incertidumbres del contexto y los riesgos del negocio.
Edgar Schein afirma que es muy difícil que el “individualista
creativo” se sostenga en el tiempo ya que existen tanto
las promociones como las transferencias laterales, y cada
vez que se producen estos movimientos las fuerzas naturales
son hacia el “conformismo” o la “rebelión”.
La influencia de los grupos y el proceso de socialización
que ocurre dentro de las organizaciones con sus profesionales,
directivos y ejecutivos ha sido detallado por Donald Cole
y Eric Gaynor Butterfield (“Suicidio Profesional o Asesinato Organizacional”;
The Organization Development Institute International - 2005)
donde se muestra como la falla de socialización dentro
de las empresas facilita la creación de personajes
“rebeldes” que se encaminan hacia alejarse de
la empresa o “hacen cosas para terminar siendo expulsados”.
No hay ninguna duda de que los Líderes y la forma
en que operan, tiene un impacto muy fuerte en los resultados
organizacionales. Pero no debemos olvidarnos de los hallazgos
de Cecil Gibb (“Leadership“; Handbook of social
psychology - 1954) que muestra que el status de un líder
está “dentro del grupo” en mayor medida
que fuera de él. Cecil concluye que el líder
no es inmune de recibir sanciones y castigos si es que se
desvía en demasía respecto de los límites
de comportamientos aceptados por su propio grupo.
Son pocas las personas que han estudiado tan profunda y extensamente
como llegar a “diagnosticar” los problemas que
se pueden suscitar en los comportamientos grupales, y entre
ellas debemos destacar el trabajo y aporte de Leland Bradford,
Dorothy Stock & Murray Horwitz (“Adult Leadership”;
American Education Association – 1953).
Los autores muestran interés en demostrar que puede
ser muy fácil “comenzar” un grupo pero
no es necesariamente fácil mantenerlo en el tiempo
y menos aún conseguir que el grupo crezca y se desarrolle.
Para conseguir estos últimos objetivos es necesario
que los grupos dediquen muchos de sus esfuerzos y energías
a lo que ellos denominan actividades de “mantenimiento”.
Así como las máquinas requieren un mantenimiento
los grupos también necesitan de él.
Pero por supuesto no es tan fácil desarrollar mecanismos
de mantenimiento para los grupos como se hace habitualmente
con las maquinarias y herramientas. Si uno pega una patada
a una piedra puede anticipar hasta donde se ha de desplazar
la piedra y posiblemente también la dirección.
Pero un “puntapié” a una persona puede
producir consecuencias no-anticipadas; algunas personas pueden
reaccionar muy agresivamente como resultado del puntapié
recibido, algunas pocas pueden incluso aceptarlo y quizás
alguien esté dispuesto a preguntar a la persona emisora
del puntapié: ¿Hay algo que usted necesita?
De modo que nos confrontamos en las organizaciones y en los
grupos que las conforman con lo que usualmente denominamos
con una amplia variabilidad de comportamientos de los distintos
participantes organizacionales, incluso ante una misma situación.
Las tareas de mantenimiento que podemos desarrollar se ven
usualmente confrontados por tres problemas principales según
Leland Bradford, Dorothy Stock & Murray Horwitz (“Adult
Leadership”; American Education Association –
1953). Y ellas son: una sitruación de conflicto o pelea;
apatía y falta de participación; una toma de
decisiones inapropiada e incorrecta.
Por supuesto que las personas en las organizaciones no siempre
muestran que se están peleando (la primera opción);
pero para los autores pelea implica fuertes desacuerdos, argumentaciones
sarcásticas, una atmósfera tensa y un conflicto
no siempre positivo. Como manifestaciones concretas de peleas
los autores (Leland Bradford, Dorothy Stock & Murray Horwitz:
“Adult Leadership”; American Education Association
– 1953 mencionan como ejemplo aquellas situaciones donde
los miembros del grupo se muestran impacientes entre ellos;
las ideas de algunos son atacadas antes de que lleguen a explicarlas
totalmente; los participantes del grupo adoptan “posiciones”
y no aceptan comprometerse; los miembros están desacuerdo
abierto respecto de distintos planes programas y sugerencias;
se hacen comentarios y sugerencias con demasiada vehemencia;
las personas se atacan entre sí a nivel personal y
de manera muy sutil; algunos personas manifiestan que el grupo
en su conjunto no tiene el suficiente know-how o experiencia
para resolver la situación que confronta; se oponen
destacando que el grupo es o demasiado grande o demasiado
pequeño; existe un fuerte desacuerdo con las sugerencias
que expresa el líder; también se acusan entre
sí los distintos miembros respecto de que no tienen
en cuenta los aspectos principales del problema; y también
los miembros prestan atención fragmentada respecto
de las contribuciones de otros muchas veces para sustentar
sus propias concepciones.
Pasemos ahora a explorar que es lo que puede haber causado
estos comportamientos “de pelea” a que se ha hecho
mención según los mismos expertos; ellos citan
los siguientes factores:
“1. Se le ha asignado al grupo una tarea imposible
y los distintos miembros se sienten frustrados porque sienten
que no están en condiciones de satisfacer las demandas
que fueron depositadas en ellos.
2. El principal interés de los miembros del grupo radica
en encontrar un status dentro del mismo grupo.
3. Los participantes del grupo manifiestan su lealtad a “grupos
de afuera” con quien tienen intereses en conflicto.
4. Los miembros del grupo sienten que están fuertemente
involucrados trabajando duramente en alguna tarea y eso a
veces incluye manifestaciones de impaciencia, irritación,
y desacuerdos entre ellos.”
La apatía de algunos miembros de un grupo es algo
bastante frecuente y lastima el desarrollo y crecimiento del
mismo grupo. Se puede manifestar de diferentes maneras como
es el caso de “indiferencia” respecto de las tareas
a acometer mostrando signos de aburrimiento. En otras situaciones
pueden exhibir una falta de un entusiasmo genuino en la realización
del trabajo, movilizando energías en la dirección
equivocada, no siendo persistentes, e incluso mostrando poca
satisfacción en el trabajo.
Aquí también los tres autores destacan algunas
manifestaciones concretas como es el caso de: frecuentes bostezos,
se alejan de lo que es más importante durante la discusión;
tienen un bajo nivel de participación en la discusión;
se arrastran y permanecen en conversaciones que no llevan
a ningún lugar; llegan tarde a las reuniones grupales;
se ausentan con cierta frecuencia a las mismas; aceptan breaks
ante la primer iniciativa; no se predisponen hacia organizarse
respecto de los siguientes pasos a seguir; y muestran signos
de rechazo a las iniciativas de acción donde deben
asumir responsabilidades.
Leland Bradford, Dorothy Stock & Murray Horwitz (“Adult
Leadership”; American Education Association –
1953).señalan algunos problemas frecuentes y comunes
bajo la situación de apatía:
“1. El problema en el cual están trabajando
los grupos no les parece demasiado importante a sus miembros
o en todo caso les puede llegar a resultar menos importante
que algún otro problema en el cual ellos prefieren
trabajar.
2. El problema les puede resultar de importancia a sus miembros,
pero existen algunas razones que los llevan a evitar tratar
de resolver el problema.
3. Puede ser que el grupo no tenga procedimientos y elementos
adecuados para resolver el problema.
4. Los miembros del grupo pueden sentirse sin el poder necesario
que les permita influir sobre la decisión final”
5. Se puede dar una prolongada y dura lucha entre unos pocos
miembros del grupo que parecen haber dominado lo que sucede
dentro del grupo. Es frecuente que dos o tres personas dominantes
y muy expresivas dentro del grupo se encuentren enfrentados
y compitan entre sí o eventualmente con el líder
del grupo de tal manera que toda actividad que tenga que desarrollarse
tiene menos interés el conflicto entre las partes.
Esto a veces viene acompañado por otros miembros del
grupo con una orientación “menos dominante”
que sienten que es poco lo que ellos pueden hacer para resolver
el conflicto y de esa manera se convierten en “miembros
apáticos” y retiran todo tipo de participación”.
La toma de decisiones es vital para todo grupo pues se necesita
imperiosamente dar dirección a las energías,
esfuerzos y recursos con que cuenta el grupo por su naturaleza
que de alguna manera son “limitados”, o por lo
menos son limitados en su lucha por sobrevivir.
Una toma de decisiones inadecuada es bastante común
en los grupos y algunos de los síntomas que detallan
Leland Bradford, Dorothy Stock & Murray Horwitz (“Adult
Leadership”; American Education Association –
1953) son los siguientes:
- Cuando el grupo “salta” de tomar decisiones
de manera demasiado rápida a tener dificultad en tomar
las decisiones
- Cuando toma una decisión pero a último minuto
“se retira y retrocede”
- Cuando diversos miembros del grupo ponen énfasis
continuamente en la necesidad de definir y redefinir distintos
puntos que previamente han sido tratados
- Cuando la discusión es desarrollada de una manera
demasiada abstracta y alejada de la realidad
- Cuando el grupo carece de claridad en cuanto a la decisión
que debe tomar
- Cuando existe desacuerdo respecto de cómo llegar
al consenso
- Cuando aparentemente se toma una decisión pero la
misma es desafiada sobre el final
- Cuando los miembros del grupo no aceptan responsabilidades
- Cuando existe un esfuerzo continuado en dejar que la toma
de decisiones sea hecha por el líder o un subgrupo
o por alguien fuera del grupo
Bajo estas condiciones la toma de decisiones puede resultar
amenazadora para el grupo por el hecho de que las consecuencias
realmente no le resultan claras a los miembros, por temor
a las reacciones de otros grupos, o por temor al fracaso de
los mismos individuos.
Leland Bradford, Dorothy Stock & Murray Horwitz (“Adult
Leadership”; American Education Association –
1953) hacen una sugerencia muy importante señalando
la importancia de construer mecanismos que provean feedback
a los demás lo que significa que deben dedicarse energías
que permitan recoger información sobre las discrepancias
existentes entre lo que el grupo realmente desea hacer (es
decir su objetivo) y lo que realmente está haciendo
hasta esos momentos (cuán lejos está del objetivo)
de modo que pueda entonces tomar acciones para enrumbar en
la dirección apropiada.
Todas las personas necesitamos feedback respecto de “como
andamos” y en que medida estamos haciendo las cosas
bien. Estos indicadores son indispensables para todos los
miembros de grupos como así también para toda
la organización. El Dr. Donald Cole y Eric Gaynor Butterfield destacan
que muchos despidos o auto-despidos de ejecutivos en las corporaciones
se debe en cierto grado importante a que dichas personas no
reciben feedback “respecto de cómo están
haciendo sus trabajos”. Al no existir un mecanismo correcto
que provea feedback a las personas dentro de las organizaciones
“cualquier” decisión arbitraria puede no
ser objetada. Si no existieran los termostatos muchos equipos
e instalaciones llegarían a grados de calor que los
harían reventar; esto nos parece obvio en los equipos
y las cosas materiales pero no siempre pensamos que lo mismo
es aplicable a las personas dentro de las empresas.
Respecto de Quién ha de diagnosticar Leland Bradford,
Dorothy Stock & Murray Horwitz (“Adult Leadership”;
American Education Association – 1953) señalan
que “Si el grupo como un todo es quien debe tomar decisiones
respecto de cambios a introducirse en los procedimientos o
procesos, entoncfes ha de ser el grupo en su totalidad quien
debe asumir la responsabilidad por un diagnóstico conjunto
en cuanto a sus dificultades y a su grado de eficiencia”.
Los autores hacen algunas sugerencias respecto de preguntas
que pueden formularse en el transcurso del tiempo:
“1. ¿Cuál es nuestro objetivo? ¿Estamos
lejos de él?
2. ¿Dónde estamos ahora en nuestra discusión?
¿Estamos analizando el problema? ¿Estamos haciendo
sugerencias? ¿Estamos probando ideas?
3. ¿Cuán rápido nos estamos moviendo?
¿Estamos estancados?
4. ¿Estamos haciendo uso de los mejores métodos
de trabajo?
5. ¿Estamos todos trabajando parejo o solamente algunos?
6. ¿Estamos haciendo progresos en relación a
nuestra habilidad para trabajar juntos?
A su vez un observador puede formularse las siguientes preguntas:
“1. ¿Cuáles parecen ser los problemas
básicos que tiene el grupo en cuanto a las propias
necesidades de información?
2. ¿Cuál es la información más
importante y más pertinente?
3. ¿Cuál es el mínimo de recursos y materiales
que el grupo necesita?
Finalmente Leland Bradford, Dorothy Stock & Murray Horwitz
(“Adult Leadership”; American Education Association
– 1953) centran su interés en lo relacionado
con “Evaluar la información y decidiendo respecto
del Cambio”. En esta última etapa (la tercera)
el grupo se ha de concentrar en el diagnóstico resultante
de la información recopilada y pone foco en lo que
el grupo y sus distintos miembros deben hacer de manera distinta
en el futuro, lo que incluye una serie de pasos:
“1. Los miembros han de evaluar las observaciones, relacionarlas
con las distintas experiencias, y verificar si es que están
de acuerdo con el “informe”
2. El grupo ha de examinar las razones y motivos. Pueden preguntarse:
¿Qué es lo que ha hecho que algo suceda? ¿Podríamos
haberlo reconocido e identificado con anticipación?
3. El grupo se moviliza en una dirección respecto de
lo que debe hacer. Las preguntas sugeridas son: ¿Qué
puede hacerse en el futuro bajo circunstancias parecidas?
¿Qué es lo que pueden hacer distintos miembros
individuales y que puede ser de ayuda? ¿ Qué
métodos y procedimientos deben ser modificados? ¿En
que nueva dirección debemos movernos?
Los mecanismos de feedback muestran su total utilidad en
la medida que el grupo sea eficaz respecto de la decisión
a tomar en cuanto al Cambio. Es muy fácil desarrollar
reuniones y trabajar en grupos donde somos eficientes en las
dos primeras fases que hemos señalado. Sin embargo
la real utilidad de lo realizado durante las dos primeras
fases tiene que ver fundamentalmente con esta tercera etapa.
Por lo tanto vale la pena que los grupos sean totalmente efectivos
durante esta última fase.
Muchas gracias por compartir.
Eric Gaynor Butterfield
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